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“La envidia”.

25 de junio de 2012

“La envidia”.

Si bien la envidia es una característica humana y uno de los pecados capitales, también dicen que es, lo decía Díaz Plaja, el pecado capital de los españoles.

Un pecado ambiguo y ambivalente.

Por un lado es uno de los ingredientes en los que se apoya la capacidad de cambio, emulación y transformación  rápida y evolutiva al medio. Es la pimienta cayena, o la raíz de jengibre que nos estimula para ser rápidos adaptativos.

El español tiene muchas virtudes, es ingenioso, creativo e inventivo como pocos, y conjuga eso con otras virtudes como ser trabajador, constante, regular y feliz. Una felicidad de nuestras fiestas, de nuestro buen clima, y facilidad para salir y comunicarnos con cualquier desconocido o conocido, y celebrar cualquier cosa que a otros les costaría nada menos que una metamorfosis completa que no es posible si no se es español, y se aúna todas estas cualidades.

Estaba meditando sobre la envidia, ese doble valor que tenemos que si bien es una parte estimulante de nuestro comportamiento, también lo es destructivo, y conflictivo.

La no resolución o inmediatez de los conflictos y de los logros nos pone nerviosos, no somos muy disciplinados, nuestra constancia, creatividad, y motivación es personal, en el interior, pero no es metódica. Así como tenemos el estereotipo del alemán, paciente, constante, y sin desánimo en los objetivos propuestos; los españoles carecemos de eso, lo logramos si estamos motivados por la creatividad, por el gusto, por la fiesta, por la emancipación en logros, y por supuesto también por la envidia.

Nuestros mecanismos son tan variados como diferentes, y en el contexto de lo humano somos una opción a conjugar con otros estilos más templados.

Sin embargo analizando aún más en profundidad, vemos que también existe la paciencia como base de hábito social, y familiar; pero el reactivo catalizador, cuando el español no se ha formado a sí mismo en valores, y prevenido de lo que no se debe sentir, sala esa liebre, la envidia.

Es cierto que con el confort  actual, aunque deteriorado ahora mismo,  en la parte material se ha barrido ese sentimiento de envidia de poder tener lo que cualquier podía tener, se ha perdido gran parte de ella y directamente hemos ido a por ello, a tenerlo, a tener de todo.

Sin embargo siguen existiendo en los mecanismos de valores de quien no se ha exigido a sí mismo una compostura, un estilo honesto y de orgullo personal.

Hay mucha peña sin cualificación de pensamiento. De no haberse auto trabajado nada, ni poco ni mucho: nada. Y campan con su envidia.

Acabo de ver un artículo por ahí de que los españoles no estamos hechos para la democracia, cosa que pienso hace muchos años. Se nos va el gusto a la izquierda, pero por aquello del todo gratis, de todo está bien y de todo el mundo es bueno, que en verdad muchas veces son malos.

Aquella actitud de fastidiar si se puede, y si no se puede se mira el cómo.

Aquello de a éste o ésta, no le dejo llegar a ninguna parte porque de mí depende, y soy muy capaz de hacer lo que tenga que hacer o no hacer, para que no llegue a sus objetivos, sencillamente porque pienso que él puede, y como yo no puedo, por envidia me lo como, lo trituro, y hasta si pudiera lo desgracio.

No hace falta decir que la envida no es de izquierdas o de derechas, es de españoles.

Lo que ocurre es como una de las posiciones de la envidia era envidiar al que tenía, que como decía antes, en estos tiempos de falsa bonanza todo el mundo ha podido pues se ha difuminado, pero sí que permanece en el engreimiento, en el dejar pasar o no, en el fastidiar por fastidiar sólo para dar alimento a la envidia.

La envidia de la izquierda es la de demandar permanente reconocimiento y posición, poder y una valoración de un nuevo aspecto de nuevos ricos asociados a elementos materiales de los que ostentan.

La envidia de la derecha es más aquello de si yo no puedo, tú no tienes por qué poder, hasta que decida cuando, pero no cómo, cosa que cambia en los primeros, que sí quieren decidir “el cómo”, pero no “el cuándo”, pero es menos enquistada, mas perdonavidas, pero al final perdona.

No sé, quizás me pierda en esta última parte del análisis, pero algo de todo esto hay.

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