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“La globalización abre aún más camino al nuevo orden mundial”.

25 de junio de 2012

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Lejos de presentarnos un mundo lleno de mundos diversos y autóctonos, nos presentan un mundo unilateral, sin matices y dependiente del nuevo orden mundial que realmente es el nuevo orden del poder financiero a cuyo servicio están los gobiernos de todo el mundo y en consecuencia los estados, o conceptos deshechos de lo que es un estado.

Un Estado es un ente sustentado por el consenso del gobierno votado democráticamente e incluso por un gobierno autárquico, pero en cualquier caso de toma de decisiones independientes y anti globales.

El mismo concepto de Estado está supeditado a programación y decisiones independientes del resto de los demás estados que componen otros países.

Con la globalización se desintegra el mismo concepto de la Carta Magna y su constitución de organigrama de toma de decisiones y consensuadas de un mismo gobierno, en el entendimiento con otros estados y países que a su vez con su firma establecen su aceptación de las peculiaridades y diferencias, dentro de las cuales se aceptan las singularidades pero se respetan las normas de entendimiento común de un sistema global de pluralidad, que con la globalización de diluye y deja de existir.

Hoy en día da igual ir cualquier parte del mundo, que con la globalización, veremos que se viste igual, el comportamiento social es similar; hasta la comida llega a ser muchas veces igual, y puedes encontrarte en cualquier país con todo los retales de tu propio país a cinco mil kilómetros de distancia.

Nos quisieron hacer creer que detrás de la globalización estaba una liberación cultural, o mejor dicho una propagación de la propia cultura allende de los mares de nuestra propia cultura a otros países como si de una colonización cultural y económica se tratara, cuando era de recibo que no podríamos llegar a tal cabo sin sacrificar la cultura que recibía la nuestra o viceversa. Pero no sólo además no ha sido así, sino que se ha hecho un revoltijo cultural mediocre en donde no queda una etiqueta personalizada de ninguna cultura; bueno sí, de la cultura de los que más poder financiero y mediático tenían y tienen que son los que han impuesto su parte cultural más mediocre, su “way of life” o “estilo de vida”, su moda, sus costumbres, su comida, su dieta, sus horarios de trabajo, su manera de informar, de hacer política, y hasta su estilo en la producción laboral e industrial.

El fin auténtico era que esa monocultura silenciadora de las propias culturas, sería como la alfombrilla que permitiría allanar con las economías locales, y hacerse por fín, y definitivamente con una colonización financiera.

Primero invirtiendo publicidad en el consumo, en la superficialidad, en un desprecio por la cultura, y en una caída de la formación escolar y universitaria, en un trabajo de desprecio de los valores seculares de respeto y de apreciación del esfuerzo, que desharía el sentido que teníamos de trabajar antes y cobrar después para posicionarnos en obtener antes y después ni trabajarlo, ni merecerlo, pero que fortalecería la penetración del sinsentido, y del todo vale, de la mentira sobre mentira, y hasta de la impunidad del crimen, y del delito en la justicia para incluso premiarlo en la política, en los medios, en la territorialidad, en el contexto social destruido de lo que es el bien y el mal, del confundir y equivocar cualquier sentido común y rendir finalmente cualquier oposición moral y social ante lo que nos han metido premeditadamente e inoculado con el amansamiento a través de la devaluación del esfuerzo como moneda que teníamos para obtener las cosas, y prostituirla con el regalo, y el premio, con el éxito furibundo de la mediocridad, en un estilo único de vivir el momento y sin pensar, ni en el futuro, ni en el pasado.

Segundo proporcionando créditos ficticios, facilones e impagables, y dejando meter mano ancha, absoluta y sin control a los políticos señalados por el mismo poder financiero para hacer la posterior escabechina del endeudamiento.

Tercero llegando a la quiebra técnica de los Estados, y en consecuencia al secuestro de sus gobiernos, a los que llevan forzados a un mayor endeudamiento pidiendo créditos, rescates y deuda soberana hipotecada por generaciones pero gracias a cuya estrategia final, el poder de los gobiernos y en consecuencia de los estados pasa directamente a manos de sus acreedores, es decir el poder financiero reconocible en las grande corporaciones, fondos de inversión, banca y masonería internacional que se hace por fin, y sin guerra con una forma pacífica y no bélica del poder mundial.

Algo nuevo en la historia que hasta ahora colonizaba Estados con la guerra bélica, y desde el siglo XXI lo hace con la guerra financiera, el endeudamiento y la siempre amenazante ejecución de la deuda sino cede a sus estrategias y sus líderes, que iremos conociendo con más clarividencia según vayan tomando posiciones en los gobiernos, pero que ya sabemos sus nombres.

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