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“Anti Trust, una ley que no se aplica”.

26 de julio de 2012

Anti Trust, una ley que no se aplica.

El derecho a la competencia es la base del mercado libre, de los principios liberales en los que se basan las economías occidentales y en la diferencia relativa que nos da sobre economías totalitarias en donde es el estado el que monopoliza la producción única o diversa, pero siempre prohibiendo, impidiendo, o limitando la competencia.

El problema del mercado libre occidental es cuando empresas tan poderosas de diversos ámbitos económicos desde banca, informática, fondos de riesgo, compañías multiespecializadas y diversificadas, farmacéuticas, alimenticias, eléctricas, aeronáuticas, militares, etc., acaparan el mercado único y más en un mundo global de economía global, sin fronteras arancelarias, proteccionismo o gravámenes de impuestos especiales, o mejor dicho ventajas fiscales, facilidad en la penetración en los mercados de cualquier clase y de cualquier país, la permisión de constitución de diversas, hasta cientos de sociedades dependientes de varias matrices que a su vez son la misma sociedad, familia, grupo o asociación.

Identificadores

Es más fácil identificar un trust y sus prácticas cuando se refiere a sectores especializados, o satélites que por su misma grandeza, y extensos beneficios no expanden sus prácticas a otros sectores; sería el caso de la informática, la aeronáutica, o el armamento. Así tenemos ejemplos como Microsoft, Intel, Apple, Google, Facebook…

No es tan sencilla la identificación cuando corporaciones abarcan sectores de toda índole, financiera, seguros, investigación y desarrollo científicos, publicidad, medios audiovisuales, prensa, internet, seguridad en aeropuertos, seguridad privada, seguridad nacional.

Hace años era de difícil identificación las prácticas y diversificación de las corporaciones matrices. Hoy gracias a internet, la información online y la facilidad de cotejar información, sociedades, prácticas, y accionistas, permite conocer de inmediato delante de quienes estamos.

El problema no es el liberalismo económico que al contrario es la fuente de estímulo en el crecimiento, la libre competencia y entre comillas la libertad de actuación e independencia. El problema sí lo es cuando estas corporaciones, aumentan, se instalan en todos los países e influyen en los gobiernos, absorben e influyen en la banca, en las macro decisiones que afectan a la independencia y democracia, y que determinan por la influencia y adopción de sus intereses y decisiones.

Estas prácticas llevadas en exceso como hoy en día, se convierten en poderes fácticos en la sombra para el gran público, pero a la luz para el que se informe, y que tan sólo se diferencian de poderes totalitarios comunistas en que en los primeros las decisiones las toman personas y sociedades independientes de los gobiernos, o muchas veces incluídas en los gobiernos o lo que es lo mismo, que dirigen gobiernos. Los segundos, los totalitarios comunistas, la única diferencia que tienen es que es el estado monopolizador es quien decide,  es propietario de la productividad, diversificación, de la opinión pública, y decisiones de toda clase.

Al final, llevada la primera práctica fáctica a extremos como en los que vivimos ahora, el control de los países, la productividad y lo que es más importante el pensamiento y el control de los medios, y en consecuencia, la falta de libertad y democracia real, se asemeja bastante a sistemas comunistas totalitarios en los que son las formas, la apariencia , y las falsas promesas las protagonistas, inutilizando democracias, constituciones y el sometimiento de las decisiones parlamentarias secuestradas a los intereses de estos poderes, corporaciones y sociedades multinacionales.

Estamos viviendo ese momento.

Pasamos del rechazo al totalitarismo comunista, en pro de una falsa pero cómoda y confortable “libertad”, a una absorción, más aún fagocitación, de la independencia de los gobiernos y entidades por los intereses e influencia directa de las macro sociedades de toda clase, financieras, armamentísticas, informáticas, energéticas, farmacéuticas, de información de prensa y medios audiovisuales, publicidad, alimentación, recursos minerales, agua, y hasta el clima con el HAARP.

Conceptos que manejaban la diversificación, como la integración vertical y la integración horizontal, se ven hoy en día confundidas en una madeja, premeditadamente para saltarse líneas visibles e invisibles de derechos, de mercado, de aranceles e inclusive de venta al enemigo de componentes que distribuidos por la matriz sería delito y traición, y hecho por filiales radicadas en paraísos fiscales, pero con producto identificable logran saltarse toda la legislación internacional en la que a su vez son cómplices los mismos tribunales internacionales, no independientes como se espera, y absorbidos por los lobbies, grupos de presión y gobiernos que las participan e influyen. Ilustremos con algún ejemplo para comprenderlo mejor como el caso de la tecnología software, con un hardware para misiles S-500, vanguardia de la geoestrategia para la defensa de todos los bloques, y que comparten China, Rusia y Estados Unidos. Le ponen el nombre de “mercado negro”, y directamente son empresas reconocidas que todos conocemos las que cambiando el nombre o sociedad suministran  poder al enemigo.

Ayer salía el caso de Qosmos, francesa suministrando tecnología de espionaje al gobierno sirio de Al Assad, o los Mirages a Libia para luego destruirlos, pero luego está Intel, o Nvidia, el mismo Microsoft, o Linux, o realmente cualquier que fabrique algo tecnológico informático y  que usan ahora mismo el sistema de detección inteligente de las fragatas de la OTAN el mismo que comparten otros bloques.

El mismo España vendemos fragatas a Venezuela o munición a todos los países amigos y enemigos.

Se ha instalado una doble moral, que antes se escondía y que ahora ya se muestra sin pudor en la que por el beneficio de la economía, y el crecimiento, y los beneficios todo es lícito.

Hemos visto ejemplos del tipo de empresas identificables como Microsoft, que ha sido denunciada varias veces en Bruselas por monopolización de mercado, o impedir que su software sea compatible con otros, que impiden que no puedas elegir qué compras, y a quien, y evidentemente el control de los precios.

Otras identificables son las farmacéuticas, como GlaxoSmithkline, Roche, etc., que a su vez pertenecen a los mismos familia Bush y ex miembros de su gabinete, y son capaces de montar una campaña de gripe aviar o gripe A para vender sus vacunas, por ejemplo.

Las no identificables, o difíciles de identificar son más problemáticas de comprender, sobre todo para la mayoría de los ciudadanos y ciudadano medio, en dónde estas cosas les vienen grandes y ni siquiera quieren conocer, y los grandes accionistas de estas empresas que siempre son los mismos, han encontrado la perfección del maquillaje y la difusión, en ese hartazgo del exceso de información cansina con la que ellos mismos y sus medios nos bombardean para agotar a los más débiles, la mayoría, de la comprensión de sus intenciones y prácticas y obtener las tres únicas cosas que desean de los ciudadanos con facilidad: su voto,  su consumismo y su conformismo. En consecuencia, su falta de reacción, perfecta para sus actividades que se hacen desconocidas por la intoxicación-tensión informativa de falta de interés con el que nos sirven nuestros platos de mínima reflexión, pensamiento, y mermada y adiestrada moralidad.

Compañías como Monsanto y Glencore de Nathaniel Rothschild que son propietarios de las mayores tierras productivas, agua del planeta, y semillas modificadas transgénicamente.

Determinadoras e influyentes en el precio de las commodities, bienes fundamentales, creando subidas de precios, hambre y miseria en los países más desfavorecidos y ahora también en los nuestros propios, apostando en opciones contra país, como el que hace un gran negocio, pero del que depende el bienestar y la seguridad de las personas. Son los daños colaterales que en la práctica son bien directos, y que la legislación no juzga porque el crímen está asociado a hacer sangre, y no a matar de hambre, necesidad y problemas de toda clase que en muchos casos llevan también a la muerte pero en los que las manos no se ven aunque se saben.

Familias como la de David Rockefeller, y sociedades como Vanguard, Goldman Sach, JPMorgan, Carlyle, BlackRock, etc., presentes en la mayoría de las empresas y gobiernos de todo el mundo y que se han convertido en estos silenciosos, y por ello para la mayoría imperceptibles que pueden ejercer en el curso de todos y cada uno de los acontecimientos mundiales.

En un mundo en el que la carencia de ética y principios es muy deficiente, y en el que la mayoría es sobornable, cuesta que exista ninguna de las cosas que queremos defender, como la libertad, la democracia, la justicia, la constitución, en definitiva la verdad.

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