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“Facebook y Twitter”.

18 de agosto de 2012

“Facebook y Twitter”.

Nunca me impresionaron el dinero y el poder.

Siempre me impresionó la integridad.

Siempre me impresionaron los valores sencillos, la humildad, la amabilidad, la entrega, el trabajo bien hecho, la generosidad, la bondad, la honestidad, y toda esa larga lista de atributos que al final en la práctica de la vida se reduce a pocas las personas de quien puedes irlo viendo.

Está esa idea de que alguien que no sea algo con uno, no lo es con todos y viceversa, que si alguien es alguna de esas cualidades con todos quizás no lo sea con uno.

No creo que sea cierto, lo que se es, se es, lejos de medidas, de circunscripciones sociales. Quizás en la calle en el anonimato, nadie seamos suficientemente nada porque la distancia obliga, sin embargo en cuanto florece el mínimo trato se comienzan a ver las mínimas valías o las máximas.

Es evidente que sin los códigos y sentimientos de educación y respeto no hay marco para nada, y aunque todo pueda florecer, es difícil que lo haga sin estos mínimos.

En la calle, en el trabajo, en las relaciones, en las amistades, aprendemos a conocer a la gente o creemos que aprendemos, lo mismo no aprendemos mucho, o aprendemos de una forma que muchas veces nos escarmienta en el decidir clausurar el teatro de las relaciones.

Pero he dicho teatro porque la vida ha de ser de verdad, y no teatro.

Las herramientas de la distancia y la proximidad, de la educación y el respetar y el hacerse respetar, son clave en la vida de cada día.

Haciendo valernos como personas y valorando a los demás, hacemos subir el nivel de las relaciones.

Internet y las redes sociales en ese sentido son un mundo nuevo.

Un mundo en el que no se ven los gestos, las formas, los tonos de voz, el énfasis o la distensión en la pronunciación y su cadencia que sin embargo son fundamentales e imprescindibles en el cine, en el teatro, pero que aprendemos que en la vida virtual no existen, y nos son difíciles de imaginar. Nos remitimos intrínsecamente al texto, a la frase, a la manera de escribir, al ritmo, a percepciones puramente literarias a las que se acompaña, la respuesta y también el silencio.

Se aprende a darles valor a todos ellos con la práctica, y lo que al principio desconcertaba, luego se hace herramienta con significado propio.

Es cierto que Facebook es más explicativo, permite toda licencia de autor posible, toda la creatividad, autocensura, o exceso de expresión deseados al alcance de su autor. Permite adjuntar imágenes, fotografías, que muchas veces sin comentarios incluso denotan un pensamiento, una posición, un estilo de ser, de comprender las cosas, de unirse, y de separarse. Todo cabe.

Twitter, es bien diferente, se da lugar a malos entendidos, por la brevedad impuesta de dos líneas de pocos caracteres, en los que se ha de acertar los contenidos para ser objetivo con el mensaje sucinto que pretende ser explicativo.

Lo que tiene twitter es que se dan cita figuras públicas de fácil acceso a sus pensamientos con tan sólo “seguirles” o “retwittearles”.

Sin embargo es el despropósito del mismo silencio, de las mismas ausencias, del mismo desconocimiento de los pareceres sobre cualquier asunto que inclusive con respuesta, no evidencia la respuesta requerida o necesitada.

Twitter tiene sin embargo la posición de cercanía a gentes que decides “seguir”, por conocer su pensamiento, o porque son aportan novedades de última hora, casi como un teletexto.

Carece sin embargo de cercanía, es un medio solitario, impersonal, de falta de réplica y entendimiento. Comprender el contexto de réplica supone conocer la persona pública o no, o estudiar sus otros tweets para comprender su estilo, su forma de pensar y nuestro posicionamiento,  de seguir “siguiendo” o dejar de seguir. Carece de explicaciones, es cortante o mudo. Se ha de relativizar en un contexto muy amplio el nivel de las respuestas y los silencios, y aún así resulta complicado. Está diseñado para la brevedad de la falta de compromiso, para el seguimiento de masas, que no de personas. Tiene ese condimento actual de la despersonalización, y la falta de compromiso, y también de calificaciones y descalificaciones duras y aseverativas. Es un medio para muy adultos en el sentido de ser capaces de encajar los golpes duros de la indiferencia y de las malas respuestas sobre todo, y hasta en las buenas, la falta de más datos, más palabras que hagan ser certero en las conclusiones.

En twitter veo a estrellas sufrir, y a anónimos disfrutar, veo a estrellas vanagloriarse y a todos incluidos deshaciéndose en pies de barro ante un aluvión de ojos que miran y que depende de las preguntas y respuestas como en la Baja Roma con el dedo condenan o salvan de la quema y de la muerte.

Que duro es el twitter, que poca opción más allá del circo mediático deja por el hecho de permitir unas pocas palabras, como a aquel que va a morir que no a vivir, a pronunciar sus últimas palabras. Twitter es romano.

El doble sentido de las pocas palabras que se pueden publicar, obliga a poder tanto al leer como al ser leído a que las palabras se hagan con un filo que quizás tienen o no tienen. Las palabras de twitter cortan, hasta las amables lo hacen.

Twitter permite parecer que se dice mucho a quien poco tiene que decir, o quien mucho tiene que decir pero prescinde o no le gusta o no lo apetece.

Me gustaría ve más cariño, proximidad, más humanidad en twitter, pero en algo pensado para Roma, no deja lugar. A veces ves educación en una palabra y tan sólo eso.

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