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“La globalización”.

26 de agosto de 2012

“La globalización”.

La globalización es buena cuando fluye del resultado de los esfuerzos personales o colectivos de sus iniciativas.

La globalización es mala cuando es un proyecto de los mercados, de los cambistas, de las sociedades conspiradoras, para hacer de sus negocios una pirámide total, y controlada.

La globalización que tenemos es ésta, la segunda, la corrupta, y la sectaria.

Con la excusa del multiculturalismo, de la apertura de las fronteras, con el aparente aperturismo, cuando en realidad el control es la herramienta más utilizada.

El control a través de la banca, de los organismos públicos, del adoctrinamiento de los medios de comunicación, en la idiotización de la masa que aplaude cualquier cosa, sin comprenderla, sin gusto, sin criterio, reactivo a consignas, a trending topics, a modas, a pensamientos de moda.

El crecimiento del que hablan los protagonistas de la globalización, los mercados, es el suyo propio.

Si bien con la globalización se ha dado un impulso a las infraestructuras, a la producción, también se ha dado un impulso al gigantismo de todos los aparatos, y a la pérdida de producción familiar en un medio de marcaje y tiraje de precios y cotas.

Se ha mejorado la popularidad de los elementos del confort, de los frutos de la industria, de la comunicación global, todos ellos grandes y buenos resultados.

Sin embargo en paralelo, los benefactores finales son la banca, y las sociedades de cambio, las corporaciones globales que controlan la productividad, la oferta y la demanda.

El sistema de la globalización está bien si se regula, y está mal si son unos cuantos los que lo dirigen y se benefician.

La globalización tal como está planteada resulta que ahora disfrutamos de infraestructuras excesivas, de un aparato gigante y de corporaciones de presión que ahora nos anuncian que todo lo que tenemos y de lo que disfrutamos, nos lo van a quitar y lo debemos, y que difícilmente lo pagaremos.

Una de dos; o se multiplica la quiebra montada por los mercados, aumentando aún más la burbuja que explotará. O se cambia el sistema obsoleto y orientado sólo en la dirección de la cúpula de la pirámide, o se busca como invertir la pirámide fruto de una apropiación indebida de los mercados para facilitar sus intereses y promover la ruina de los países y sus gentes.

La solución pasa por las condonaciones de deuda cuyos beneficios van a parar a la cúpula minoritaria de la pirámide, y por una revitalización de los estados naturales, y una independencia de las monedas, que si en su día valieron para un crecimiento global, en el punto actual solo quiebran las monedas globales, el dólar y el euro.

Desde la cúpula de la pirámide se pide más globalización, y más control.

La realidad es que necesitamos menos globalización en el sentido de las finanzas y los mercados, que sólo buscan su mayor control y enriquecimiento. Y necesitamos más control, efectivamente, pero no en el sentido de gran hermano, no en la tutela de ese control por los mercados, su gran mentira, para aumentar en su camino hacia un control global y total; sino un control racional, razonable, sostenible, e independiente y soberano, que no desfigure con sulfúrico el perfil y rostro de los países, de su identidad, de su propia cultura asaltada por su sistema demoledor multicultural.

El capitalismo y el liberalismo son buenos. Son malos el capitalismo agresivo, descontrolado, o habría que decir demasiado controlado; y el neoliberalismo agresivo y aglutinador.

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