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“La estructura social se volverá a repetir, porque no estamos preparados para más”.

29 de octubre de 2012

“La estructura social se volverá a repetir, porque no estamos preparados para más”.

El sistema político copia a la Iglesia para la exención de culpa.

Grandes sistemas copian o se inspiran en otros anteriores para su continuidad y éxito.

Roma inspiró a la misma Iglesia contra la que luchó Roma, y la misma Iglesia se inspiró en la misma Roma para su perpetuación en el tiempo.

Los Califatos árabes y sarracenos paralelamente se dieron cuenta y aprendieron que someter bajo el yugo, el miedo, la aplicación exclusiva de condena únicamente a la base de la pirámide social, es el sistema que como abejas obreras, y masa obrera, aunque se haya convertido en clase media sobre todo entre los años 60 y 80, comprendieron que es el sistema de mantenerse inalterables.

La Iglesia aplicada como institución, y no como democracia, se asegura la obediencia desde la cúspide, el Papa, los cardenales y las Conferencias Episcopales.

La disidencia no existe, o estás dentro, o estás fuera. Sistema copiado a su vez por la masonería, y aún más antiguamente antes que desde la Iglesia, ya desde Roma, por los Servicios Secretos.

El invento de la democracia aparentemente se basa en el libre albedrío, pero la cúspide de las pirámides del Estado y de las Iglesia, saben que es un desarrollo que ha permitido justamente la sumisión perfecta de sus súbditos creyendo que eligen y que por eso son libres.

La cuestión está en limitar esas libertades tanto del Estado como desde la Iglesia, dejando instrucciones de lo que es legal o  ilegal, de lo que es moral o inmoral, de lo que está bien o está mal.

Basta con esta certidumbre de que puedes elegir entre lo que es explicado muy racionalmente que es debido o indebido para poder legislar no sólo las vidas, sino las mentes.

Si Estado e Iglesia por poner ejemplos, se ponen de acuerdo a través de sus gobiernos y Episcopado en permitir la vida fácil y el crédito fácil, así como luego cerrarlo, limitarlo y oprimirlo, las consecuencias son de todo orden, no únicamente material, sino moral, emocional, y anímico. Y solo el Estado y la Iglesia podrán cuando lo decidan permitir despertar de la opresión.

Desde hace tres siglos tanto Estado como Iglesia se han ido absorbiendo por el poder de la élite financiera que son ahora quienes deciden quienes y cuando pueden digamos, resucitar, y quienes seguir en el dolor.

El poder político, sus gobiernos se han convertido en intocables por este motivo; derribar su estructura aunque sea dañina o equivocada, sería reconocer la debilidad del sistema y su consiguiente desaparición. Por eso, como en Roma, como en la Iglesia, como en los gobiernos del Estado, y ahora ya, como en la jerarquía mundial financiera, saben que no se puede admitir el error. Pues para ellos no es error, es cálculo, y es lo que buscaban, buena vida, derroche, exceso de libertad, para luego opresión represión administrativa vía impuestos, vía embargos, vía nuevas leyes que oprimen a las personas para aceptar su sumisión a la Iglesia, al Estado (Gobiernos), o al poder financiero, ahora éste en la cúpula del máximo poder de la pirámide.

Si lográsemos la fulminación de cualquiera de los poderes, la Iglesia, el Estado, o las Finanzas, sería el fin de su control sobre la civilización, el máximo de la revolución social. Ellos lo saben y por eso nadie va a pagar por nada, ni va a reconocer equivocación alguna, a lo sumo en algún punto o desde algún punto de vista, pero no en su totalidad.

Los sistemas en sí, si bien ayudan a la organización social de la gente, por otra parte son el yugo de la misma libertad.

La cuestión filosófica y humanística está en reconocer, que no permiten que nos emancipemos y que tampoco la gente quizás en su naturaleza tiene esta determinación ni ansia, pues si no, es evidente que todo habría concluido, pero ahí sigue lo mismo y seguirá por está en la base del comportamiento social, el que le marquen sus libertades, sus límites, sus condiciones, sus penas y castigos. Y parece que el hombre en general y como estructura social organizada, no estamos preparados para asomarnos a la libertad con la que haríamos a la primera oportunidad, otra pirámide desorganizada, anarquizada y quizás más sangrienta y despiadada tanto a la corta, como a la larga. Tenemos lo que como sociedad reclamamos y aspiramos. Con más no podemos. Y todos los poderes existentes lo saben.

Repetiremos la historia una y otra vez en siglos, quizás en otro milenio habremos avanzado a otro estatus más humanista, más espiritual, y más preparados para el bien y para el mal, pero seguimos hoy, sin discernirlo, ni saberlo vivir, y necesitamos de yugo, y también de flechas, para sentir de vez en cuando que nos liberamos de algo que es innato a nuestra naturaleza actual de falta de emancipación personal y social.

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