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“Oda al camarero”.

29 de octubre de 2012

“Oda al camarero”.

Que grandes son aquellos camareros, aun queda alguno, que conocen a los clientes y sus gustos, que son educados, que aguantan cantidad de sandeces y falta de respeto de los clientes.

Que intentan que todo vaya bien para todos aunque no sea así.

Que su humor no falta, que saben medirlo, que no están de fiesta, y les dan pocas fiestas, y uno que está de fiesta les dice todo lo que va a hacer en su fiesta y sus vacaciones, y ellos asienten como participando de tu alegría, cuando de eso sólo hay deseo y sueño.

Que grandes de España son los camareros.

Algunos con mala leche que se la callan, aunque dirían de todo si pudieran. Otros con un callo en el carácter y el trato que están por encima de todo.

Estos jueces del momento, estos amigos de la paz, y del buen vivir de sus clientes.

Estos amigos de la etiqueta, del buen gusto y de la higiene.

Estos sufridos hombres y mujeres que dejan su personalidad, su opinión, sus cosas, sus tristezas y sus alegrías por darnos un gran momento.

Camareros, de los buenos: No tenéis precio. Sois muy valiosos. Os debemos mucho.

Hemos olvidado las propinas con la crisis, el bolsillo roto, y las dudas.

Recordemos dárselas quienes puedan. Recordemos interesarnos por su parte personal, por darles también en el hombro, ese apoyo, ese buen momento y alegría que ellos nos dan a nosotros cuando pueden.

La vida del camarero es muy dura, casi todos ganan pocos, unos tienen familias y empujan como pueden, otros son solteros y viven en pensiones, en habitaciones de pisos compartidos, en un ir y venir en metro y autobús cuando la ciudad aun duerme, cuando ya nos hemos ido a la cama y hemos visto la televisión o estado leyendo en  internet.

Aquel camarero francés que si no le dejas la propina que es por ley parte de su salario, y que sin ella no te habla, ni te trata bien, ni te saluda, en España eso se sobrelleva, le dan capote, y triunfos.

Nuestros secretos guardados como confesor privado, a la carta y de lujo. Con un saber de la vida, y de la muerte, muchos ya se fueron, y ahí les dejaron su recuerdo, su vida y su testimonio, y sus fiestas y vacaciones contadas, sus faldas y pantalones relatados, sus preocupaciones deportivas, sus secretos inconfesables, sus inseguridades, sus seguridades, sus deseos próximos, los lejanos y los eternos.

Camareros, si un día no estáis que nos digan en donde estáis para seguiros, para rendiros recuerdo y tributo.

Camareros, sois lo más.

Camareros, vaya por vosotros.

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