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“La falta de ética sin rigor, en un país desbocado de chorizos”.

8 de diciembre de 2012

Lo que dice Gay de Liebana de que España sea un país lleno de chorizos, no es que no sea cierto que lo es, pero se debe a un terreno abonado.

Cuando los ciudadanos conocen que la justicia no actúa, y se licita el delito, estos florecen. Es un tema de impunidad consabida, y ante esto la práctica del delito se extiende como bacterias en un cultivo adecuado, el de la impunidad e incluso el aplauso de quienes llegan a extender la creencia de que quien roba y sale impune es listo, es un ejemplo de buscarse bien la vida, poder vivir bien, y perjudicar indiscriminadamente con “licencia para matar”, o hacer mucho daño. Esta carta blanca es la que florece de la falta de la aplicación de la justicia.

No es que en España haya más o menos chorizos que en otras partes, es que como en cualquier parte, al no aplicar la ley, se licita y se anima al delito, y además se estigmatiza como un logro social aplaudido, sea el caso de políticos y banqueros que llevan el dinero a Suiza, o constructores y promotores sin escrúpulos que son vitoreados tanto por sus cercanos como por el mismo público de mal gusto televisivo, como héroes de Pulp Fiction, de tebeo de malos y buenos, de villanos justificados a los que justifica la falta de equidad y aplicación de las leyes. La absorción, y este es el verdadero punto de defecto, de la élite financiera y la cúspide illuminati de la separación de los cuatro poderes, prensa incluída en uno único decisorio de las conductas y pautas a seguir o a no seguir, es la madre del cordero, el auténtico plan de alteración del sistema y su perversión, y así se obvia lo ilegal como parte de un algo casi incontrolable cuando lo es o lo debiera ser perseguido.

Ante todo eso la única solución es la vuelta del rigor, de la condena, y las penas duras, de la vuelta del miedo que facilite el respeto obligado, porque desgraciadamente en una sociedad sin muchos cánones de integridad moral, destruida a conciencia en sus valores a través de los medios y el ejemplo social, político, y de convivencia en todos los frentes hasta en el de la moda, la música y el arte, muy premeditadamente, vemos que solo saldremos así de vuelta al rigor.

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