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“Cuanta desesperanza”.

19 de enero de 2013

Cuanta desesperanza.
Y los que pudieran cambiarlo, no están por ello.
Los partidos políticos son como aquellos fardos atados con cuerda y que imaginabas el contenido pero no con exactitud, que hace años se enviaban en los autobuses, de aquellos con baca, que la gente joven ya ni conoce, principalmente con comida, embutidos (principalmente chorizo), y ropa.
Hoy estuve viendo un rato de tele, de telecinco, en casa de una amiga. Ufff, no tenemos muy buen futuro, somos una sociedad sin interés, aborregada y obtusa, sin ninguna educación, con mucha imaginación y altas dosis de exigencia e insensibilidad, y pagamos por ello, por tener de toda esa fagorra.
He comprendido viendo telecinco, que no tenemos futuro, al menos no mejor que los países con los que siempre nos comparábamos y nos vamos a tener que seguir comparando. La enorme masa garrula, insultante, de mal gusto, y omnipresente, se ha hecho con la calle, con el estilo de vida, y ha proliferado tanto que lo bueno no podrá brillar entre tanta oscuridad intelectual.
Seguiremos siendo lo de siempre, buena gente, o muy buena gente, o muy mala gente. De ahí no pasaremos. Seguiremos teniendo deportistas que triunfen, algún artista impresionante, y algún científico descubridor de algo, y todos nos apoyaremos en él con todo nuestro enorme peso de masa amante de la mediocridad, para justificar lo grande que es España.
Es lo que hay.

Yo escribo esto, y mi alma llora de pena, y desilusión. De pensar que entre las generaciones de los 50, de los 60, y hasta los 70, que en bloque éramos un aire fresco a la cultural, a la formación de nivel, a la curiosidad y el perfeccionismo, teníamos fundado un nuevo país con cimientos duraderos y de gloria.

Y lejos de ello, poco les ha costado a las nuevas generaciones, mucho de ellos, hijos nuestros, ver que todo aquello fue una realidad de un paréntesis, que hemos vuelto a una sociedad comparativa con la de antes, solo que estas saben leer mejor, o saben sin más, pero no leen, pueden comprarse ropa y ducharse caliente cada día, y tomar como se decía antes cola cao, y mi alma llora, viendo que éramos un oasis que pierde por el camino.

 

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