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“Las donaciones, ¿lavado de cara, conciencia, promoción, o altruísmo?”.

21 de enero de 2013
El sistema de donaciones lo inventó uno de los Rockefeller, Nelson Aldrich, en los años 50.
Uno de los Rockefeller que se hicieron una excepción en el ansia por el control de países, y la avaricia por el dinero.
De su madre le venía el gusto por el arte, y juntos lo cultivaron promoviendo la creación del Museo Rockefeller y el Museo Metrópolitano de Nueva York, que fue creado y dedicado a su hijo Michael, desaparecido en la selva amazónica en extrañas circunstancias y que nunca reapareció.
Una tragedia la de su hijo, y una vida la de su padre que conviene apreciar cuando otros de sus hermanos únicamente se han dedicado al control de la Reserva Federal y los negocios más millonarios en suelo americano, por delante de las demás familias.
Volviendo al tema de las donaciones que inventó este filántropo Nelson que llegó a ser vicepresidente de los Estados Unidos con Gerald Ford, vieron las agencias de publicidad en las donaciones, una herramienta potente de promoción. Hasta el punto de que ya fueron recomendadas de forma sistemática como una forma barata de publicidad y noticias que de otra forma se habrían de pagar en publicidad directa, y que además daban mucho prestigio humanista a las empresas líderes que practicasen las donaciones.
Nos tenemos que preguntar si ¿las donaciones son una filantropía, un lavado de conciencia, o una operación crematística exitosa que proyecta a las empresas que las practican aún más allá en sus negocio y con un caché de humanismo, filantropia y desinterés?.
La respuesta es que hay de todo, pero que el inicio de propuesta de una obra benéfica nace de una mala conciencia.
Analicemos:
Desde la todopoderosa arbitradora de producción de armas Carlyle, en la que son accionistas los grandes bancos del mundo, en el caso de España, BBVA, y Santanter; una sociedad semisecreta de la que conocemos solo una mínima parte de sus prácticas, fabricaciones y ventas, pero que fue fundada por el jeque de Arabia Saudí, Bin Laden y George W. Bush, como bien explica Michael Moore, y a la que se han ido agregando los mayores consorcios del mundo, y todas practican los proyectos benéficos y de fundaciones, que les valen de publicidad gratuita y lavado de cara, que ya no de conciencia en estos casos.
Por eso ahora resurge la banca ética, que examina los negocios en los que se va a invertir, y que niega la entrada de capitales sospechosos, así como de inversiones en empresas sospechosas. Banca que no ofrece un interés por encima del 2% pero que garantiza una ética, en lugar de recibir a partir del 4 y 6% de la no éticas, pero que no garantizan a su vez sus inversiones corporativas en negocios de moralidad y conciencia dudosa.
Tenemos el reciente caso de Amancio Ortega que ha hecho hace unos meses dos donaciones seguidas en Cáritas millonarias, cuando por otra parte se especula que su ropa se cose en países en los que se aplica el dumping como sistema de producción (es decir, por ejemplo, cortar y coser ropa en durísimas jornadas laborales, en condiciones muchas veces de insalubridad y el empleo de mano de obra infantil en otros casos).
Hay que decir que bienvenido sea siempre el dinero para obras sociales, o proyectos benéficos puesto que sus donantes harán en cualquier caso sus prácticas comerciales.
Ahora llega el caso de la obra benéfica para lanzar emprendedores de Juan Roig en Valencia.
Juan Roig al frente de Mercadona, una de las empresas líderes en beneficios en época de crisis, y citada por la revista Times como un ejemplo de la mejor empresa española en tiempos de crisis en el sentido de beneficios, apareció en la prensa española con algunos detalles de sus prácticas comerciales de dudosa ética patriótica. Sencillamente el aceite de Hacendado se produce en Marruecos, limitando la salida del aceite español, y las naranjas se importan de Chile, limitando la salida de la naranja española que además es la mejor y por eso es más cara. Y así seguía la prensa con algunos ejemplos.
Lo dicho bienvenidas sean las obras sociales, pero, mejor venidas serían las prácticas éticas que luego no necesitan de un lavado de imagen a través de la fundaciones para ahorrar en publicidad.
juan roig emprendedores
Juan Roig ha decidido poner en marcha, con capital totalmente privado y con su implicación personal, el «Proyecto Lanzadera»,

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