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“Hijos que no quieren saber nada de sus padres; padres que no quieren saber nada de sus hijos”.

26 de enero de 2013

abrazo

 

“Hijos que no quieren saber nada de sus padres; padres que no quieren saber nada de sus hijos”.
En la vida todo lo malo duele, incluso lo bueno, cuando hay envidia, celos y demás sentimientos mal cultivados.
Me comentaba un amigo que tiene una empresa de cuidados a la tercera edad en la Costa Blanca, principalmente noruegos y británicos, que habían estado interviniendo en gestiones con una señora noruega durante diez días, alcohólica, y en mal estado, y que se habían puesto en contacto con la embajada para detectar a la familia, dado su estado. Al parecer los hijos, respondieron que su madre ya era autónoma y que no querían saber nada.
En situaciones así te quedas en silencio y casi sin respuesta, atónito.
En la vida se pueden entender muchas cosas y todas duelen.
Se puede entender que si unos padres no han tenido una trayectoria adecuada con sus hijos por diferentes motivos, los hijos quieran olvidarse o prescindir de sus padres con las consecuencias que tiene ello, para unos padres mayores que se van convirtiendo en dependientes.
Igualmente y viceversa, se puede entender a unos hijos que no han tenido una trayectoria adecuada con sus padres y que estos no puedan más. Los padres, suelen tener más aguante con los hijos, parece que va en el código genético humano, esa tolerancia, permisividad y disculpa, de los males que los hijos puedan ocasionar.
En cualquiera de los casos, estos cuadros extremos se tipifican como familias desestructuradas, y son un extremo de la vida familiar.
Siempre han debido de ocurrir escenas y cuadros así, pero hoy con la información, y la inmediatez de la comunicación parece que pasen más cosas, y quizás sea así, con la vida desapegada, rápida, de poca o nada comunicación que se tiene entre los miembros de las familias.
Sin ser familias desestructuradas, nos encontramos en todas las familias, independientemente de su situación, y número de miembros, de desavenencias, enfrentamientos, olvidos, falta de perdón, o excesivo perdón. Somos humanos y es la respuesta, con todo el paquete de calamidades que desarrollamos y errores que cometemos.
Lo cierto es que a la Costa Blanca, y a la costa española, vienen muchos turistas con el pensamiento de acabar con su vida.
¿Se les despierta quizás aquí, lejos del entorno familiar o laboral que tuvieron, esa distancia que hace pensar de otra forma, ese buen clima que hace pensar que al final de una vida llena de problemas, en soledad y tranquilidad, sea un momento para terminar con todos sus problemas ajenos y personales?.
Lo cierto es que desgraciadamente, muchos se tiran por las ventanas de sus hoteles, otros se toman botes de pastillas, o un coma etílico. Cosas que la prensa no refleja por son bastantes, y espantaría el turismo y da mala imagen, pero suceden y bastante a menudo.
Cuesta mucho para los hijos, redimirse con un padre, o una madre, que han acumulado cantidad de desatinos y enfrentamientos, de pases y olvidos, reencontrarse con los años. Pero perdiendo toda fuerza de razón, o contexto que lo justifique, lograr la conmiseración, ya no digo el perdón, pero si se puede lograr, de verdad que es un hecho en el que se gana el cielo en la tierra.
Las virtudes más altas se ganan con las experiencias más bajas.
Las pruebas que en vida hemos de pasar son enormes, y con la familia es muchas veces en dónde más a prueba se ponen.
Si alguien lee esto, y está en una situación así, de verdad que Dios existe, y de verdad que si a pesar de tener todas las razones posibles, tienes conmiseración de tus padres o abuelos, por mal que te haya ido con ellos y fundados motivos tengas, el ayudarlos en su indefensión, te hará grande, habrás mudado tu camisa de hombre de razones y potente en tus afirmaciones, por el de una personas dispuesta definitivamente a perder para ganar el cielo, y encontrarte con tu esencia más elemental.
Dios nos mira, y por dentro nos miramos nosotros a nosotros mismos, mejor que nadie, y esa conciencia, ese ojo que tenemos que nos miramos, hasta en la mayor de las negaciones es la que manda.
Ser una persona íntegra, no es únicamente llevar bien el pago de las deudas, el no deber nada a nadie que se suele decir; lo es aún más el saber perder, el romper la hoja de contabilidad de lo que dimos o nos dieron, ese sentido materialista de la valoración del amor, y tener la voluntad propia de PERDER, para que alguien que suelen ser tus padres, deshauciados al final de sus días, puedan GANAR algo, incluso, como se oye, si solo te concibió y no te educó, o supo educar, o no estuvo por ti o desapareció.
Detrás de todo ese gran dolor de la cotradicción de toda una vida, hay una enorme y eterna sonrisa esperándote.

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