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“El proteccionismo de Alexander Hamilton y la primera economía americana. Aportaciones y variaciones a las teorías de Michael Kirsch”.

28 de febrero de 2013

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Interesante que Alexander Hamilton estuviera en contra del comercio libre que apoyaba la corona británica y apoyase el proteccionismo.
De hecho recuerdo que Oliver Cromwell al poner en marcha las ideas de su abuelo ministro de Enrique VIII de Inglaterra puso en marcha el proteccionismo y la ley de tasas a ciertos productos, y mercaderías importadas en puerto como nadie. El fin de Cromwell y sus políticas coincidió con la vuelta a la crisis económica.
Más tarde Holanda, copió el sistema pues fue a ellos a quien más perjudicó las exportaciones que a su vez tampoco producían pero sí hacían de intermediarios.
El sistema arancelario, y el control de las fronteras, sin por ello ser herméticas, pero sí controladas, siempre ha sido un punto de estabilidad sostenible en los países soberanos.
Tanto la puesta en marcha de la Unión Europea como la aplicación del Tratado de Schengen de libre circulación sin fronteras, ha sido como demuestran 30 años, un descontrol en la residencia y tráfico de inmigración.
Los grandes beneficiados de la UE, las fronteras abiertas y la falta de proteccionismo y aranceles son siempre las multinacionales participadas por la oligarquía financiera. La macroeconomía funciona, si funciona la pequeña economía y el crecimiento sostenible, pero no funciona si el crecimiento es exponencial y aporta enormes beneficios a las multinacionales que al final repercuten en el crecimiento de la pequeña y mediana empresa.
Lo macro economía es un disparate sin una percepción intensa de lo pequeño. De nada sirve hacer una gran tortilla, si luego los que no están pegados a ella no pueden comer muchos a los que no llegue la ración.

El monetarismo no especulativo, el no monetizar la deuda, y la economía clásica han funcionado desde los países que han apostado por los precios variables, la producción y el empleo.
Sin embargo también es cierto que tal crecimiento ha tenido que ver con el contar con países cuyas tasas arancelarias o proteccionismo fueran pequeñas o sobornables. Tal es el fenómeno de España en la actualidad, fácil de colocar los productos sin barreras aduaneras y arancelarias, lo que provoca una desequilibrada balanza de pagos negativa para el país receptor como España, que por la enorme importación de países con la práctica del dumping, han dejado de producir en casa dedicándose a la economía especulativa y de mera inversión, si cuidar la pequeña y mediana producción no multinacional que jamás revierte en beneficios volcados en bancos nacionales y menos pagando impuestos ridículos del 1% en figuras de SICAV.
Hasta ahora el sistema derivó del monetarismo hacia una economía especulativa, pero con una constante en mente que se ha mantenido tanto en una como en otra, y es la privación de los países escogidos y deprimidos, como una reserva de materias primas y productividad cero o muy baja.
El sistema del futuro, y del siglo XXI, ha de pasar por una economía monetarista, pero con un afán de compartir el intercambio de importaciones a precios razonables, sobre todo de los países más desfavorecidos, pues ha sido justamente esa política la más apoyada por los especuladores y la élite financiera que ha trabajado más con el descenso de precios de las materias primas en origen para incrementarlas en destino, y ha dejado la producción y el empleo exclusivamente en manos de los países escogidos de destino final del mundo desarrollado.
Evidentemente el miedo estaba tanto en perder los privilegios que supone una economía de balances abismales de países desarrollados a otros y que a su vez producía y garantizaba una mano de obra muy barata, pero que al final la riqueza de la producción generada de esta práctica y conceptos, solo acaban en la especulación original, intermedia y final, con lo que se generaliza e incrementa la figura dle intermediario, que no solo retrasa el crecimiento pues no contribuye a la producción como tal, sino a la especulación y además a un desmesurado crecimiento de los servicios, pues su diversificación no viene del empleado de producción que siempre utiliza los mismos medios con horarios similares y gasto similar, sino que depende de los intermediarios que son circunstanciales y su éxito totalmente dependiente del entramado financiero y su éxito en torno al cual se crea un crecimiento falso especulativo.
Resumiendo un crecimiento revolucionario estaría en un monetarismo que fomentase el cien por cien de los países arancelarios y proteccionistas. Pues el desequilibrio que produce la desigualdad de la riqueza, solo fomenta un falso crecimiento, que al final se paga en la inflación que produce la misma migración y tráfico de mercadería siempre especulativa e intermediaria de estos países más desfavorecidos.
La búsqueda del concepto de la distribución de la riqueza está unida a la unificación mundial del modelo proteccionista, monetarista y arancelario, que estabilice que nunca la productividad sea tan fácil que de lugar a la especulación y así se para la banca especulativa que siempre aparece detrás del no esfuerzo, y el dinero fácil y barato al principio, para luego ser caro e inexistente.
Realmente este modelo final es el único que nos queda por probar, y deberíamos probar.
Al fin y al cabo detrás de este modelo siempre estaba el sueño de modelos marxista y fascistas, era la repartición de la riqueza desde la productividad pero que nunca se pudo llevar a buen término con la existencia de los intermediarios, y la banca especulativa. El sistema de fijación de precios que hoy en día nace de los Stocks Markets de la City de Londres y del NYSE americano, deben desaparecer y estructurarse precios evaluables y devaluables, pero dependientes de la producción puntual, y no de una oferta y demanda artificiales para la especulación.
Con programas de software cuánticos que evalúen la producción y demanda no sujeta a especulación sino a necesidades verdaderas los grandes desequilibrios desaparecerán, y se podrá dotar de fondos comunes internacionales para créditos a la productividad a los segmentos económicos que por deficiencia en la demanda o el exceso de oferta queden varados. La figura de la sostenibilidad pasará porque estos créditos que se pueden coordinar nacionalmente, pero también internacionalmente, sean especialmente transparentes y con una normativa y legislación que persiga a los mitigadores del bien general por el sectario.

http://schillerinstitut.dk/drupal/nationalbank

http://laroucheirishbrigade.wordpress.com/

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