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“De justicia es reconocerse y perdonarse”.

2 de marzo de 2013

La mejor manera de hacer justicia es juzgar a los culpables. Aunque sea uno mismo.
Los culpables casi siempre son los mejor escondidos y los más protegidos. Y la mayor culpabilidad de uno mismo es la que mejor se esconde de nosotros mismos.

En esta vida es fácil equivocarse, lo difícil es reconocerlo.

No hay gloria sin reconciliación. No hay perdón sin obligación.

No hay misericordia sin comprensión. Quien no comprende no ama, quien no puede amar no se puede comprender a sí mismo. La misericordia empieza por uno mismo.

No se puede ser condescendiente con los demás sin serlo con uno mismo. Pero no confundáis autocondescendencia con autoconsentimiento. Pues la rectitud del espíritu es la comprensión del alma, y la determinación de ser fiel a lo que hemos comprendido con condescendencia.

El camino de la virtud nunca fue fácil, y el del conocimiento tampoco, pero pensad que si no erráis no conoceréis, y no os perdonaréis lo que no habéis podido equivocar, pues el perdón nace del error, y la virtud nace del perdón.
Ser uno no es fácil, lo es con el tiempo cuando se reconoce en el alma la virtud, sobre todo la de haberse equivocado.
No ser uno es fácil, basta con no tener virtud, equivocarse sin reconocerlo, y dar lugar a errores sin cesar, y sin autocontemplación y sin arrepentimiento.
La mirada de Dios aparece, sólo cuando uno se mira a sí mismo pues Dios es el del espejo, eres tu, juzgándote en justicia. Yendo más allá de tu propia dignidad para entregarte a la soledad inicial de tu propia pena, pero a la inmediata siguiente de la liberación del alma, del reconocimiento de la imperfección.

 

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