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“Descartes, el lamentable triunfador del siglo XX y XXI”.

9 de abril de 2013

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Descartes, el lamentable triunfador del siglo XXI.

Quiero hacerle de más, pero ponerlo en su lugar.
Sus teorías en “Reglas para la dirección de la mente”, son el origen del espíritu de una filosofía matemática y física, lo que él era, y de la geometría analítica.
Estas han sido de gran utilidad para el pensamiento científico y empírico que requiere la comprobación y el análisis científico, la experimentación y la aplicación.

Pero su peso aplicado a una sociedad destruye toda la mayéutica de Sócrates, del conocimiento por el interrogante, y no por lo aprendido, preconceptualizado y en definitiva programado, de negar la propia experiencia y las dudas naturales en la definición de la propia verdad que es al final la única que uno mismo puede ver, y que cualquier otra apreciación será impuesta e inducida por una sociedad enferma sin posibilidad de respuesta como ocurre en la actualidad, por el simple hecho de aceptar teoría cartesianas que bien valen para las matemática, física y química, pero que no valen para enmarcar la experiencia y el conocimiento social y espiritual. Y que únicamente reconocen un poder y manipulación ajenas de un sistema premeditado para la complacencia pasiva en valores cartesianos.

Aquella mayéutica que se podría contextualizar en parte con el actual “brain storming” -tormenta de ideas-, es sólo una parte del alcance de la auténtica mayéutica del aprendizaje y auto aprendizaje a través de la exposición de dudas e interrogantes, de retomar las dudas con los conceptos volcados y reinterpretados una y otra vez, hasta pulir un pensamiento de verdad socrático que fácilmente podemos identificar con nuestra forma natural de ser, y no con una aplicación de filosofía geométrica, matemática y física, y se puede decir económica y ya ahora de actuación psicológica admitida como normal e imperante -cartesiana-. Y que ahora han derivado a un consenso con el “Think tank”, pero que sigue siendo un té party para unos pocos, independientes de la mayoría que efectivamente ha dejado de pensar y actuar porque está subyugada a una operación cartesiana que les es imposible de superar porque fue destruída al nacer en un mundo que negaba su propia experiencia y auditaba la materialista, fuente de toda actuación.

Cuando hemos anulado la persona con un devenir materialista y que solo acepta premisas ajenas en uan falsa confianza de que las cosas las resuelve “alguien”, cuando no solamente no es así, sino que no las resuelven, aquellos a los que les hemos dado el poder, y tampoco tienen certidumbre, ni brillo, ni inteligencia, ni altura moral, ni espiritual, más allá de aquella de postura aprendida ante lo que se deben de guardar las apariencias.

Descartes, enmarca los avances del también matemático y filósofo Leibniz en su contraposición, y de nuevo se ve la importancia de la metafísica y lógica epistemológica que es la única en filosofía que puede devolver la evolución social hacia un valor definitivo de la persona que Descartes transformó en individuo, con las connotaciones que tiene de número y no de entidad autosuficiente, y que luego Newton su denostardor oficial científico en Londres y Paris, se encargó de “descartar” (Descartes) -curioso, pero es así que se arregla lo filosófico no matemático, ni geométrico a la relegación-, por el copismo y el plagio en lo que toca al pensamiento filosófico.

Por el camino de la epistemología de Leibniz, hubiéramos llegado al mismo camino científico y no materialista, y el conocimiento hubiera venido de la unión de las verdades -aquellas cartesianas-, pero además las creencias.

Las grandes dudas de Diderot, que fue el gran dudoso del enciclopedismo, y su impulsor. Dudas arrastradas hasta nuestros días, en las que admitiendo aquel relativismo y conductismo social y antisocrático, que daría paso a la masonería y el anticlericalismo que hoy el mismo Diderot renegaría de aceptar viendo que no se puede aceptar un conductismo social sobre las dudas naturales de la fe y de la existencia propia y la creación.

¿Quién le iba a decir a Descartes que su filosofía geométrica se iba a imponer al pensamiento monacal que aceptaba derivadas del pensamiento que “descartaban” toda hipótesis no racional, para llegar en el siglo XX y XXI a un materialismo atroz y cartesiano que basa el conductismo social y personal en una adoración al poder y al dinero, a la economía por encima de otra razón no materialista y cartesiana que impiden continuar con un mundo en el que pesan más los hechos que las intenciones, y que los hechos sólo son aceptados los cartesianos, los materialistas y los que degradan toda actuación de buena fe y amor que son “descartados” de toda valoración y que serán directamente la base de la masonería illuminati y el origen del intento de demolición de la fe?.
Sin olvidar el importante espíritu de Descartes, y su necesidad en tareas y aspectos científicos y técnicos, no dejemos, ni permitamos que sólo su filosofía implantada y heredada, sea la única que permite nuestros criterios, y abramos paso a lo que le pudiera llamar una tangente del pensamiento, un paralelismo de la razón, hacia teorías de nuevo mayéuticas y espirituales.
Quien le iba a decir a Descartes que Spinoza y Pascal tenían también razón, que su impronta hacia el margen de lo incomprensible, pueda ser un hecho puramente no desarrollado ni conocido, y que su postura cartesiana diera lugar únicamente a un relativismo aún más exagerado que el pensamiento abstracto monacal del peso y valor de lo intangible, de Dios.

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