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“Los toldos”.

20 de abril de 2013

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La nobleza de la tela de algodón, el lino y el hilo.

Sólo los toldos de una ciudad con sus cafés y comercios revestidos y protegidos por toldos que blindan y relucen sus escaparates y terrazas es el toque que da el calor visual, y la identidad del lugar con los colores utilizados, los epígrafes y logotipos serigrafiados,

Junto a la piedra en bruto o pulida, abrillantada o mate, porosa o abrupta, del granito o de la arenisca, del mármol o de la caliza, contrastados por el brillo y transparencia del vidrio, de la luna templada, o del acero inoxidable, del hierro, del latón, del cobre o del plástico, se integran en uno sólo en la percepción de la ciudad.

En todos los recuerdos los albergamos, y en todas las expectativas de volver los esperamos encontrar. 

Como un traje o un vestido a medida, el toldo vive en la calle con los árboles, las plantas y el pavimento. Con la arena en el chiringuito de la playa, o con la tierra en el kiosko del parque.

Maravillosos toldos de tela de algodón, que se extienden y recogen, que chirrína o son mudos, manuales o eléctricos.

Toldos de gloria de tiempos de vida urbana, de incontables conversaciones de café o espectadores de escaparate. Vitrinas cubiertas del sol, formando nuevos reflejos y escaparates dentro del mismo cristal, o marcando sombra en la piedra.

Al toldo acompaña el olor, a veces a café, otras a cerveza, otras a golosinas de niños, otras a nuevo, el de la ropa, el de la elegancia de una joyería, o el de una peletería o el lleno de contrastes dulces de una pastelería.

La relación noble de cubrir con tela, ya no solo en el vestir, sino como un rito o respeto, desde la sábana santa, o el sudario de los muertos de antes, o en la cubierta de heridos, o en el agasajo de las inauguraciones en donde también se corta tela, son todas menciones a la presencia noble de la tela. 

Los empaquetamiento del que fuera escultor, Javachef Christo, con sus cubrimientos de tela de seda o algodón atada, empaquetando puentes, edificios o islotes.

Toldos azules marino, granates, negros, marrones, naranjas, amarillos, blancos, verdes botella, verde inglés, a rayas y franjas, y los ajados ya sin su color, pero con su nueva pátina de colores descafeinados, los otros sucios pero que siguen recordando.

Toldos.

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