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“Un Dios psicópata”.

22 de abril de 2013

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Cuando la élite comenzó con la masacre de las economías y las naciones, me preguntaba hasta dónde irían de lejos. Y mi autorespuesta era, hasta el final, porque ellos son así. Les fascina la destrucción como el fuego y una hoguera a los adoradores de satanás.

Además les gusta al punto y despacio pero sin pausa.
La cuestión es más bien de qué manera nos podríamos librar cuando estamos ya en sus manos como nunca.
La gente cada vez trabaja menos y cobra menos y aún habiendo reducido muchos los gastos los sigue teniendo. Dios está ahí, pero una vez más no va a impedir la masacre social, como los extraterrestres están pero sólo observan y no intervienen. Algún extraño control mental del mal que bien pudiera ser del bien, está de compañero permanente de nuestra sociedad, indicando como destruirnos una y otra vez, hacer hoguera y cenizas, para volver a construir para finalmente volver a destruir, es psicopático y criminal.
Dios no nos quiere dar un despertar de conciencia así como así, ni siquiera como cuentagotas cuando nos repetimos y replicamos aún peor en en la antigua Grecia.
Amamos a Dios, incluso “los malos” lo aman y en su nombre nos fumigamos y destruímos, pero le damos más a Dios que lo que él nos da.
Nos da la vida, y la creación, nos da alegrías, pero a cambio no nos permite una evolución mental ni cerebral colectivamente, solo deja a unos pocos hablar en su nombre y recibir su bendición de la comprensión. Dios espera que renazcamos constantemente para crecer y tener una perspectiva universal de la imperfección, pero a cambio, nos pide inmolación, sacrificio permanente, vida dura o durísima.
Dios, no nos abandones. No somos más que tu proyecto, mejóralo Señor, emite buenas y fáciles comprensiones a un mundo empobrecido , obtuso y torpe, y permítenos tomar conciencia, sin tener que pasar por tanta porca miseria humana.
Dios, enviaste a tu hijo, y no ha servido de nada, satanás se ha hecho de nuevo con tu templo y además con más poder que nunca. Con la tecnología de la destrucción, ni en Roma la hubo tanta, ni tanto peligro corrió la existencia de la humanidad.
Señor, dignifícate, eres tú el que no eres digno de estar en nuestra casa, si nos vas a abandonar una y otra vez cada siglo en las manos de nuestra incapacidad y nuestra facilidad al mal.
Señor, si no hay paz , no hay Dios, no eres, no somos. Regenérate Señor, da muestras de tu capacidad y tus verdaderas intenciones.
Eres tú quién nos pide a nosotros que crezcamos y quién nos instruye para que te lo pidamos, pero no nos reportas nada, sólo la repetición en el andar de los tiempos. Así que somos nosotros los que te pedimos ahora que cambies tu. Eres tu el que permite este calvario, y quien no nos cobija.
No basta con la creación y la fe, hace falta tu apoyo, tu verdadero cambio. Ya hemos aprendido todo lo destructivos que podemos ser y somos, hemos aprendido todo lo que podemos llegar a entregar por nada. Lo sabemos. Y ya no toca. No toca más de lo mismo, ni siquiera más de tí en lo mismo.
Señor, o te reciclas o el mundo no es que te abandone, es que lo habrás abandonado tú. si creaste tanto y tan bien para destruirlo comprenderemos que Satán es parte de tí.
Hemos alcanzado conciencia y conocimiento suficientes para comprender colectivamente esto. Ya no estás en rédito, sino en pérdidas.
Señor, te emplazo, te retamos. Si solo eres así eres como la nada y el todo, el universo, o sea un aburrido sistema que deslumbra finalmente sobre todo desde la destrucción y su asociación con Satanás.

 

 

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