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“André Boubounelle”.

25 de abril de 2013

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André Boubounelle, 1962 Bougival, Paris.

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La vida del artista es dura. Poco importa si es un músico, un actor de cine o de teatro, un cómico o un payaso o un trapecista, un artesano, un cantante de ópera, un tenor, un escritor, un periodista, un pianista o violinista, un bailarín o bailarina de ballet o folclórica, un fotógrafo y peor aún un artista plástico o un escultor.

Todos sufren mucho su talento original nacido para servir a la humanidad con su investigación en su arte, la incomprensión de la mayoría, y el desapego del público a la comprensión de su esfuerzo, de su sacrificio, y en el caso del pintor y el escultor el plus extra de materiales, telas, óleos, piedras, marcos, cinceles, gubias, madera, poliester, acrílicos y espacios grandes casi siempre para trabajar y poder almacenar su trabajo.
Otras artes requieren una inversión fija en su violín, en su trapecio, en su cámara de fotos, en su vestuario; pero en el caso del pintor el material se puede equiparar en el tiempo, al del director de cine, o de teatro.
Son ellos los que deben poner todo, de no ser que se encuentre detrás un mecenas público o privado, un premio ganado, una familia dispuesta, y buenos y respetuosos amigos que sepan apreciar, valorar y amar la obra de nuestros artistas.
Nacer artista no se sabe si es una suerte o una desgracia en un mundo cartesiano que valora la productividad aún con modelos de productividad basados en el esfuerzo del sudor de bienes de primera y segunda necesidad, de servicios y de bienes de equipo e industriales, de prestaciones necesarias para el correcto funcionamiento de la sociedad.
El artista digamos, que es prescindible para cubrir las necesidades de una sociedad cartesiana y materialista. Digamos que el alma y el mismo espíritu se presumen de prescindibles para las necesidades de una sociedad enferma.
Digamos que es una hipocresía que la sociedad se abstenga de las artes de cualesquiera que sean, porque sin belleza, sin comprensión de lo espiritual, y sin los artistas, escritores, actores, músicos y artesanos, la sociedad se quebraría como una estera de caña de consistencia aparente.
Siempre es la gran deuda de la sociedad de cualquier época la que tienen con el mundo del arte que alimentan el espíritu sin el cual la sociedad aún estaría más enferma de lo que está, porque no habría margen para la sensibilidad y la dulzura, y la hermandad y la humanidad se resquebrajarían como en las sociedades psicópata que ya conocemos en dónde el ser humano no vale nada cuando se han perdido los valores.
Tuve la suerte de encontrar entre otros al pintor André Boubounelle, cuando sobre en el año 1990 me visitó en mi galería de Madrid, para invitarme a conocer sus pinturas. Eramos más jóvenes apenas treinta años, y también éramos los más jóvenes galerista, y artistas durante algunos años de España.
Nos acompañaba mucha ilusión, esfuerzo y trabajo regalado, mucha pasión por el arte, la cultura de toda clase y un increíble don de relaciones públicas basados en la sinceridad de nuestro entusiasmo y una necesidad perentoria de vender como fuera a quien fuera, que al final no podía ser quien fuera pues requería un perfil económico, primero para poder pagar el evidente precio alto de una obra de arte, pues como dije, se unen los gastos del artista, de sus telas, lienzos, estudio, desplazamientos, y del galerista, local, publicidad, teléfono carísimo en cientos de llamadas, publicidad en revistas caras y prensa, y asistencia a ferias, transportes de obra, en fin, que es una sangría de dinero que hace sufrir mucho cada posible incursión en la experiencia de una venta que además se ve complicada porque le guste a los hipotéticos clientes el arte del artista, luego que les guste lo que hace para esa exposición y luego que les guste alguna obra de la exposición, y luego que quiera seguir o no comprando más obra de ese artista o de otros artistas.
Francamente un negocio el del arte de mucho sufrimiento, más cuando tienes treinta años y una familia a la que tienes que estar sangrando constantemente para llegar a fin de mes si el mes ha ido flojo o malísimo en ventas, porque los gastos siempre tienen una franja imposible de bajar.
Me gustó mucho la obra de André Boubounelle, era una obra que encajaba en toda la tradición francesa y concretamente de los alrededores de Paris en dónde siempre ha vivido que respeta escrupulosamente la trayectoria de la pesada historia del impresionismo, del expresionismo, del fauvismo, del cubismo, del dadaísmo, de nouveau art y de todas las tendencias de la historia de la pintura francesa que tanto pesan en un pintor que se quiera abrir paso con su propia identidad y estilo en un mundo pictórico plagado de normas admitidas, de técnicas consumadas y de historias personales insuperables por los nuevos artistas que decidan acercarse y adentrarse en el mundo de arte.
Al ver la obra de Boubounelle, para mí siempre André, mi gran amigo pues además de haber nacido un mismo veinte de agosto, nos asimilaba un sentido del humor similar, una puntualización de los detalles y acontecimientos del mismo calibre y personalmente respetaba mucho su espíritu de familia y su vocación de padre de Theo y Olga muy pequeñitos por aquel entonces. Marianne su mujer, siempre con el más claro estilo de madre veladora de la economía familiar y del futuro de sus hijos y el apoyo incondicional a su marido. Estas personas de las que no se puede dejar de hablar, sobre todo cuando un artista ha pasado la barrera de la fama, o de la historia, y que siempre juegan un papel definitivo en la calidad de la obra del artista y su dedicación, pues únicamente el entorno familiar puede garantizar una obra evolutiva constante y permanente. Más, en una historia de la pintura francesa en dónde el público ignorante, y la misma crítica no especializada que proporciona el show de las vidas de los artistas, solo pueden sostener la pintura para el gran público si es acompañada de vidas trágicas, de mentes torturadas y de situaciones de soledad o rotura de la unidad familiar o separaciones como es el caso del casi 90% de los autores de la historia de la pintura francesa hasta los recientes años 2000.
Aun recuerdo en la memoria del arte no tan lejano de los años 60 a Manzoni, enlatando “Merda d´artista” para poder llamar la atención siendo rompedor con imágenes de artistas casi quiebra sistema o quiebra moral para poder ser noticia, o los cuerpos desnudos embadurnados de pintura sobre el suelo recordando al action painting de Jackson Polock, pero traducido a show performance en las galerías de Paris no hace tantos años para poder decir que el arte era noticia, una noticia asociada en cierto modo al escándalo mitad sexual, mitad gente participando en una especie de orgia sin sexo pero de desnudos pintados que siempre eran más fácil de ver en las páginas de cultura de un diario.
Italia había pasado por aquellos escándalos visuales con las telas rotas de Fontana o Alemania con aquellas esculturas que sencillamente eran un trineo con su equipo de Josep Beuys y que celosamente guardaba la colección del italiano de cuyo nombre no logro acordarme.
La pintura de Boubounelle tiene todo lo que se le pueda exigir a una evolución de los periodos franceses con la personalidad, belleza y erudición de sí mismo.
De su etapa entre Madrid y Ronda (Malaga), de dónde había obtenido la prestigiosa beca de La Casa Velázquez de las bellas artes francesas en España, surgieron aquellos cuadros de pocos y simples trazos que sin manejar el detalle lograban captarlo. Aun recuerdo un cuadro de su hijo Theo de una simplicidad, con apenas trazos y óleo que evidenciaban todo lo que se pueda esperar de un retrato, o sus series de la Casa de Campo, el Palacio Real, o Les Bolides (Los Bólidos), unos coches de carrera como de los años cuarenta muy simpáticos, y que le hubiera encantado poder pintar al futurista Marinetti, e incluso a los vanguardistas rusos de 1914, que tanto buscaron aquella sensación del movimiento y la velocidad de las máquinas y los acontecimientos que sólo lograban desde la geometría quitando casos como la pintura de Larionov, o Natalia Goncharova.
Pero esta etapa española iba a durar unos años más en su casa de Louvecienne para luego dar paso al espíritu de la región ineludible, más cuando su casa fue parte de la casa de Anais Nin, con las visitas de Henry Miller, y Antonin Artaud, o cuando el taller de Rodin estaba en la misma calle unos números más arriba, o con vecinos tan históricos como los propietarios de music hall tan famosos en la historia de Paris, o unos metros más allá la casa de Madame Pompadour amante de Louis XV.
Pero esto quizás es lo que menos pesa aunque pesa en una pintura en la aún pesan más los paseos cercanos a la casa tan pintados y dibujados por Pisarro y otros. en cierta ocasión Boubounelle, André, me llevó a visualizar un paseo de plataneros con al fondo la estación de tren de cercanías, al que fuímos con una postal y algún libro de pinturas. Era impresionante, apenas había cambiado, mejor dicho nada, el contenido del cuadro de Camille Pissarro, como reaparecido del pasado.
Todos aquellos pintores de la historia francesa de la pintura y la escultura, habían pintado una u otra estampa, camino, sendero, casa, molino, la Seine, o cualquier esquina que se podía y puede aún revivir en todos aquellos entornos, y que mirando el cuadro e insitu el lugar exacto, lograbas comprender al instante, el espíritu de las diferentes épocas por los que no habían pasado en algunos casos ni la primera, ni la segunda guerra mundial, ni la ocupación alemana de Paris.

Fascinante.
De allí a Versailles no había mucho, y de allí a su anterior casa en Yvelines, tampoco tanto. Entre aquellos lugares, cualquier visualización de un cuadro e incluso cualquier lectura incluso de los enciclopedistas, ya no era lo mismo, porque podías palpar el espíritu que se vivía traspasando el tiempo.
André me contaba que tenía claro pintar todo aquello, que era su interés y su destino.
Tenía que sacar la textura de aquellos paisajes y lugares, y aunque sea un tópico repetirlo entre millones de veces que se habrá dicho, lograr plasmar la luz que allí había tan particular únicamente de aquella zona. Y tengo que reconocerlo y felicitarle de que lo ha logrado, como podéis comprobar si miráis su obra, incluso sin saber de pintura, de la misma forma que miramos Pisarro, Manet, Monet, o Gaugin. Y nos dejamos seducir por el alma auténtica del artista que hemos permitido que definitivamente nos defina los ambientes que allí se respiran por encima de los relatos literarios, porque son tan magníficos y especiales, que sólo podemos aceptarlos así.
Boubounelle tiene ahora obra permanente en galerías la región de Paris, Boston, y New York, y su nombre sigue sin sonar ni mucho menos al nivel que le corresponde. Sencillamente porque el público coleccionista sigue enfrascado en asociar vanguardia, o actualidad de la pintura con una estética no narrativa y preferiblemente incomprensible que todos apreciamos pero que sin duda son más facetas del arte y que evidentemente lo difícil digamos es el reto de Boubounelle de continuar y actualizar la visión de vanguardia de una historia del arte francés imposible de ocultar, y menos aún comparar por más que hablemos de Buren o de Demien Hirst, que si los apreciamos y disfrutamos, el reto auténtico de salto histórico corresponde sin temblarme los dedos al escribirlo, a la obra de André Boubounelle.
Admirarlo y no hace falta que opinéis, sencillamente penetran en el alma cálida del amor a Francia, a su historia familiar, a valores sencillos, permanentes e inolvidables.
Antes de esta época de paisajes Boubounelle agotó una época industrial de fábricas en marcha y abandonadas, toda clase de espectro del correr de una sociedad y resulta entre estremecedor y emocionante la simple atención de un momento para llegar a percibir el devenir de una energía cinética en el ambiente como si se pudieran escuchar los millones de megawatios consumidos o el carbón utilizado para la producción, en edificios y fábricas cuyas paredes parecieran de la misma piel del paisaje que exhalan actividad y esfuerzo, economía y futuro.

713px-Camille_Pissarro_012Camille Pissarro, Entrée du village de Voisins. 1872

http://www.galeriepietryka.com/Artistes/Pages/Andre_Boubounelle.html#grid

http://www.chauchet.com/ANDRE_BOUBOUNELLE.html

http://galeriemezzo.com/artistes.php?bbj=6

http://www.pavillon-choiseul.com/data/pages/fr/boubounelle_a_page.htm

http://www.galerie-samedi.com/peintres.php

http://books.google.es/books?id=jfcu-1uUF4QC&pg=PA1979&lpg=PA1979&dq=andre+boubounelle&source=bl&ots=i7RLAPBxxc&sig=NsRlsjFI8lOCQE4Hg8VR26lUKgU&hl=es&sa=X&ei=4oZ4Ue-3G4XF7Ab9g4CADA&ved=0CEgQ6AEwAjgU#v=onepage&q=andre%20boubounelle&f=false

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