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“¿Por qué suicidaron a Alexander McQueen?”

7 de octubre de 2013

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Alexander McQueen es el más grande diseñador de la historia de la moda, en él se podían encontrar todos los misterios de los irreal o escondido convertido en real y visible.

Ni siquiera la espectacularidad de Karl Lagerfeld, ni la de Jon Galiano lo superaban.
De otro lado los mejores, pero menos salvajes que McQueen no han logrado su misterio sublime, que si elegancia, ni en el caso de Giambattista Valli, ni de Yves Saint Laurent.
¿Que tenía McQueen que lo hacía tan sublime?: Además de moda lograba disfraces. Aquellos disfraces que pusieron de moda la nobleza negra veneciana eran superados por Alexander McQueen.
McQueen logró comprender y darle dimensiones a la estética del poder, de la exclusividad, del misterio, del misticismo y también del miedo.
Un disfraz que tenga todos esos ingredientes, sería el más codiciado tesoro para una secreta fiesta ritual.
No en vano, era el modisto de todas las MK Ultras.
Tuvo que inspirar a toda una pléyade de gente influyente que le encargaron y compraron hasta su fin.
McQueen representaba un problema: Era tan bueno que ninguno de los otros modistos podrían continuar en la alta costura sin prostituirse en el prêt à porter. Y de ello dio buena cuenta Yves Saint Laurent que lo hizo con éxito pero ni eso le impidió morir con deudas.
Pero voy a dejar esta hipótesis como la base de otra segunda.
Las envidias y sobre todo el miedo de la competencia, tuvieron por fuerza que hacer rogar a las otras estrellas a la élite escogida de que McQueen les suponía directamente el cerrar.
Este brillaba tanto y tan fulgurantemente, y sobre todo, no quería socios ni sociedades, sino valerse por su cuenta porque podía y de hecho pudo, que su existencia ponía en peligro la vida económica de los demás.
Está claro que los oídos de esa élite y sin duda illuminati, con sus fiestas, poder y juegos malignos, eran rogados por las bestias menos afortunadas para su sacrificio, y como en todo ritual “lo suicidaron”.
Desde las 10 horas de la mañana a las 16:30 de la tarde, no se procedió al levantamiento de su cadáver por la Scotland Yard.
Como cualquier detective o forense podrán confirmar, no se tardan tantas horas en fotografiar, tomar los datos forenses, recoger huellas y realizar el informe pericial. Para que nos hagamos una idea, ni siquiera en el más importante suceso de la muerte del chófer de Diana de Gales y de Dodi Al-Fayed, se tardaron tantas horas cuando fallecieron al instante del accidente.
¿Por qué tardaron tanto la policía de Scotland Yard, el juez, y el forense en levantar el cuerpo ahorcado “suicidado” de Alexander, cuando lo pertinente era llevarlo a la morgue para su exámen forense, y allí perder todo el tiempo necesario?.
El modus operandi era demasiado facilón y no creíble. Un guión a medida de un gran público que no analiza y se traga hasta los restos de lo que no quieren las demás cabezas pensantes: divorcio de su novio al mes de casarse en Ibiza, la muerte de su madre hacía una semana, y por si fuera poco también habían suicidado a su mejor amiga confidente y mentora Isabella Blow tres años antes justo antes del festival de la moda de Londres como en el caso de su pupilo Alexander.
Para los cabalistas illuminatis sería un crucigrama perfecto, y facilón, pero tan facilón como para atreverse a ello, cuando se trata de creador de los modelos para sus “fiestas”.
Vestidos todos por encima de las 100.000 libras esterlinas y que superan incluso el millón de libras en algún caso, no es un lujo más que de la élite que sólo en fiestas puede lucir estos diseños. Y las fiestas illuminatis en las que disfrutan invitando a todas/os los MK Ultras, no son cosa ni de la llamada gente pudiente, sino de los multimillonarios.
Alexander McQueen era demasiado bueno, era el Mozart del diseño de moda que los Salieri no podían ni soportar moralmente ni económicamente.
Sus diseños tenían todos los ingredientes de fetichismo, gore, zoofilia, hibridación extraterrestre, fantasía y salvajismo que se quisieran imaginar, proyectar, o “hacer”, como por ejemplo, sacrificios.

Era como revelar al pueblo llano que mira las revistas o desfiles, los secretos de las fiestas de la élite illuminati. Era todo tan evidente con ver sus diseños salvajes, de extramundo o intramundo para todos los gustos y puestas en escena, que era casi algo que no se podía dejar que se siguiera viendo y mejor censurar que delatar, y nada mejor para ello que “suicidarlo”.
Quizás pueda equivocarme, pero ahí os dejo estos escenarios y reflexiones que quizás provoquen la historia del sacrificio del mito, que como los grandes mitos no mueren.

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