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“La conciencia del pasado”.

21 de octubre de 2013

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Existe conciencia del futuro, aquellos posibles escenarios que imaginamos y como los aceptaríamos, y viviríamos,, y siempre son un reto para nuestra propia evolución, y conciencia.
Pero son igualmente recurrentes los de la conciencia del pasado.
Y me refiero a conciencia y no solo a recuerdo.
Cuando se ha conocido a poca gente el recuerdo escudriña cada pieza ofrecida por las pocas personas conocidas.
Pero cuando se ha conocido a demasiada gente, y no digo clientes esporádicos, sino amistades, gente del trabajo, amores perdidos en el camino; todo funciona por las asociaciones más simples que uno se pueda imaginar. Y todos están ahí ordenados de alguna manera. Preferida, o evitada, querida o decepcionada. Ni más ni menos que la vida misma, con las vivencias que tenemos que ordenar siempre, e incluso y muchísimas veces reordenar según comprendamos lo que en el pasado no comprendimos, o comprendimos pero elegimos unos valores diferentes a los que se adquieren con el tiempo.
Vino un antiguo amor de los 19 años a mi pensamiento. Una película me hizo asociar su persona, no eran muchas, sino el entorno. Pero a eso se unía que a veces, muy de tarde en tarde, da por mirar en un cajón, en un archivador, fotografías, o en este caso, viejas cartas que creo que todos guardamos de cuando se escribía en papel y sobre con sello, a bolígrafo y sintiendo mucho lo que todos poníamos.
Y ves tantas cartas de amistades y amores, ahí guardados, y de repente, no te atreves a abrirlas. En treinta años, la vida ha girado mucho, los objetivos son otros, se busca la tranquilidad, las emociones calmadas, el detalle sin dolores. Y sabes que en aquellas cartas guardadas, no se puede dejar de leer algún momento de queja, mezclados con pasión y amor, porque a esas edades todo es amor, aunque uno a otro se achaquen de que no se aman, pero no es cierto. Es amor, es mucho amor disfrazado de pasión, pero es amor bello y puro, inocente y muy reflexivo, con los pocos elementos que solo el tiempo te dice que tenías y que solo más adelante, “reordenando”, puedes resituar, si el cuerpo o el pensamiento te lo aguanta.
Porque lo que descubres de ti mismo, y de la amada, puede igualmente tranquilizarte y también alterarte si piensas que podías haber dado una talla superior. Pero la realidad pertenece a cada momento, y sólo en ese momento es válida, pues lo demás son conjeturas y juegos del pensamiento.
La cosa es que no miré el contenido de las cartas, pero me paré en dos personas, una, amiga, otra, amor.
Aquella amiga era atenta y ambos aspirábamos al amor, pero la distancia de países diferentes como sabemos ahoga todo, pero curiosa la permanencia y la insistencia de ambos. Que te escriban para advertirte de que se va a casar, como ofreciéndote que si quieres estás a tiempo, te vuelve adulto en un minuto. Y sabes que ama a su nuevo hombre, pero también sabes lo que significa el respeto a quien tubo el momento del nacer de amor que nunca se consumó y se quedó en una extraña amistad.
La otra carta, la del antiguo amor, la temía. Sencillamente tenía ese latir de que no vivía. La naturaleza es sabia, y nos dota de un sexto sentido extrasensorial, y cuando algo así ocurre, hasta cuando la buscas se mueven las puertas y crujen los objetos, como si su presencia se hace presente y su espíritu te saluda y abraza.
No son cosas de miedo, sino de vida y de amor.
La cosa es que a pesar de todo me pongo a teclear en redes sociales, y buscadores su nombre y dos apellidos, tan raros ambos, y poco comunes, que no puede haber dos. Así que me lanzo a la búsqueda, por querer saludar, por querer mostrar mis respetos, pues el amor ya sabes que quizás no lata a lo largo de circunstancias que nos transforman, y quiero decir que a mejor siempre. Pero si aquella película te hizo pensar especialmente en ella, y si encima revolviendo cartas aparece, está claro que al menos se debe mirar. Por respeto al amor que se sintió y que sintieron por uno.
No esperas nada, solo saludar, quizás ayudar de alguna manera, a veces una charla, pero ese latir de sensación de que no vive, no es que confirme, pero no aparece por ninguna red.
Y me decido a escribirlo precisamente para darle vida, si es que no vive. Para darle el mismo respeto que esperaba ofrecer si la encontraba.
La vida es compleja y también sencilla, y en estas cosas lo es. Acordarse de alguien y enviarle tus mejores deseos es de las cosas más nobles que nos da el existir. Homenaje a la amistad, al amor, al evidenciar de que tenemos un pasado, que nos acompaña aunque no nos acordemos siempre o nunca.
Dónde quiera que estés te digo, que de lo que disfrutaste lo celebres, que de lo que pueda arrepentirme me perdones, que de lo que supiera o no supiera, lo que ahora sé o no sepa, te acompaño en el presente porque al recordarte dejo de hacerte en el pasado.
Realmente, cuando tocas la esencia de género de lo humano y lo divino, sin apenas entrar en detalles, descubres que todos podemos ser los mismos actores de la misma escena, porque nos debemos a lo mismo, y venimos y vamos a lo mismo. Así que, vaya por todos y todas.

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