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“El dia del niño”.

20 de noviembre de 2013

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Dicen que el perro es el mejor amigo del hombre.
Y es verdad.
Pero no menos que el caballo, o el delfín, la ballena o el gato aunque no lo comprendamos.
El niño es el mejor amigo del hombre si vale la redundancia.
El niño es ese animal que comprendemos muy bien o no comprendemos pero que siempre nos ama y nos necesita.
Al niño le pasa que según pierde inocencia y avanza en edad nos parece menos inocente, y este es un error del adulto, pues por centímetros que haya crecido su cuerpo, y su cara se asemeje a alguien incierto entre niño y adulto, adolescente, siempre sigue siendo un niño con todas las preguntas, dudas y ganas de gustar que tuvimos todos.
En muchas ocasiones el niño se ve inmerso en deber crecer rápido cuando su entorno es hostil y se siente no solo incomprendido sino amenazado. Puede ser de forma también inocente que luego con el tiempo comprende que no lo fue, o puede ser seriamente comprendiendo con el tiempo lo cruel y ya de mayor, lo cruel que fue el mundo y la sociedad con él.
Cuando pensamos en niños tendemos a pensar en una polaridad de niños bonitos y favorecidos, o niños desfavorecidos y colmados de hambre, desasistencia y necesidades. Y no nos damos cuenta de que no hemos avanzado en este pensamiento más allá de ser niños, pues como ellos únicamente vieron los hombres buenos y los hombre malos, de mayores seguimos viendo niños favorecidos y desfavorecidos.
Esta paleta de dos colores es perjudicial para el niño en su visión del mundo adulto y para los mayores en su visión del mundo infantil y adolescente.
La visión del niño desfavorecido debemos meterla en el saco de lo inadmisible, de objetivo a erradicar al precio de tener decencia.
Y en el resto de niños bonitos, o niños no amados o comprendidos como se deben, debemos afinar nuestro avatar de paleta de colores y lograr acertar comprendiendo cada caso, cada momento, y cada demanda con bondad, urgencia y arte.
El niño básicamente lo que necesita es amor. Palabra trillones de veces repetidas, pero porque no hay otra.
Si no tiene dosis pequeñas o grandes, así se volverá el niño depende de lo que paralelamente le toque vivir del mundo y de nosotros.
Hay mucho desaprensivo que ha nacido de un niño incomprendido, abusado, no respetado y alterado. Pero hasta estos adultos perjudicados tienen la obligación de intentar dejar un rastro de cariño y de buena acción; acciones que todos sabemos que son más sencillas de lo que queremos imaginar pues al niño le basta una sonrisa, incluso un apremio y una llamada de atención pertinente, pero medida y jamás descontrolada y fuera de la dosis que conocemos perfectamente en nuestro interior lo que es viable o inviable.
Un cachete en el culo en un momento dado para quien no sabe comunicarse con un aderezo en palabras puede valer si no se repite como sistema. Y tampoco es cuestión de perseguir a los padres desde el actual progresismo que sitúa a los padres y adultos en marcados por la ley.
Desde que el mundo es mundo niños detrás de otros se han ido convirtiendo en generaciones. Pero sus problemas han dejado de serlos cuando ha habido comprensión, acercamiento y sobre todo dedicación. Y hay que agradecer en el alma a todas aquellas personas que han tenido dedicación con sus niños o los de otros, porque son la base de una sociedad sana y con deseo de futuro.

El niño sabe perfectamente cuando le amamos o no, recoge todo lo que le damos y da todo el tiempo del mundo a nuestra redención y nuestro arrepentimiento, o al amor y respeto que nos procesa.

Si algún pensamiento tiene el hombre durante toda su vida, es como le trataron, y si tiene conciencia, como trató el a los demás, especialmente a los niños y a los mayores, pues es en los más débiles en dónde se mide nuestra grandeza o nuestra miseria.
Tengamos un reflejo de cariño, de respeto, de saber escuchar y procurar pensar lo que queremos conseguir de los niños, y tendremos sin duda un mundo mejor.
El día del niño es sin duda el mejor de los mejores, porque garantiza que todos los demás días dedicados a los demás y a lo demás serán mucho mejores.
Mucho, muchísimo amor y prestanza al detalle de los niños para celebrar su día, nuestro día, en el que siempre lo somos, con esa asignatura pendiente de pensar cada día en nosotros de cuando éramos niños y lo que quisimos recibir, ser y dar.

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