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“Por un futuro inmediato mejor”.

20 de noviembre de 2013

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En el día de la infancia hagamos un brindis por ellos y por nosotros, por nuestros antepasados, por lo que pasaron y por lo que no vivieron que nosotros podemos vivir.

Estamos en la era de acuario.
Tiempos de cambio, evolución, conciencia y despertar.
No podemos movernos en nuestros patrones de comportamiento repitiendo incesantemente los modelos del pasado. Queramos o no, más bien es ineludible y lo necesitamos, estamos en un proceso de revisión de actitudes y objetivos.
Disponemos de tanta información que por primera vez sabemos muchas cosas que antes no, y gracias a ellas nos podemos hacer un nuevo mapa del who is who, del quien es quien.
De quienes han falseado la historia y por qué.
Aún así estamos en la era del perdón. Es fácil que surja la ira, pero nos sorprendemos a nosotros mismos viendo como también se desvanece.
Quizás porque no tuvimos como sociedad y en muchísimas familias, la dureza que vivieron nuestros antepasados en dónde la vida estaba muy ligada a las enfermedades, el duro trabajo, y las injusticias.
No se trata ya de aplastamiento y menos de venganzas, aunque todos los países como nunca, se estén armando para prevenir la caída del dólar, el nuevo orden mundial y un afán de nada porque hemos perdido las soberanías que debemos recuperar, pues naciones sin soberanía, son naciones sin identidad, y la pluralidad es necesaria para alejarse de un mundo monoideológico que nos aboca a la esclavitud de la mayoría, a la eugenesia y a la vida ni se sabe cómo privilegiada de unos pocos elegidos, pues de lo que pueda venir si se emplean armas tan modernas no puede quedar nada bueno.
Hemos pasado de un mundo de religiones impuestas, gobiernos impuestos a gobiernos religiones y gobiernos manejados y al laicismo, relativismo y sincretismo más generalizado.
No señores, no.
Estamos en el punto del reencuentro con nosotros mismos, y con la auténtica figura de la fe. Dios está en todo y sobre todo ahí afuera. Y hace falta únicamente la candidez del alma y el deseo de un futuro mejor y negar el mal, para que todo se ordene de otra forma.
El reto delante del cual estamos, es crucial.
No tenemos garantía de nada, pero una cosa es segura: como nos abandonemos a la repetición del pasado esta vez no saldremos. Las armas actuales son de holocausto, no de metralla.
Las fuerzas satánicas que se quieren imponer en un orden mundial que nos aleja de nuestras diferentes identidades y definir un mundo homogénico no pueden en ningún caso triunfar, y son por ello justamente autodestructivas y endémicas aunque logren cierta promoción en las actuales circunstancias.
Tengan fe, y peleemos por un mundo mejor, no por ideologías cuyos orígenes por fin conocemos.
No peleen por la igualdad, eso es una patraña. Peleen porque no haya tanto desfavorecimiento de tantos millones. Y sobre todo desarrolen la compasión.
Todos somos imperfectos y llenos de problemas que a lo largo de la vida vamos arreglando o al menos deseándolo, pero no dejen que ideas de exclusión y de selección artificial se impongan por nuestro silencio.
Creo que estas palabras pueden valer a cualquiera de cualquier pensamiento, país y raza, pues es tan sencillo como hablar de personas y de vida, y de derecho a vivir.
Quizás debamos perfeccionar mucho más menos reglas y regulaciones y ser más inteligentes y menos zoquetes, y también pensar por los que no piensan o no quieran pensar. Siempre habrá débiles y fuertes. Pero hemos de mirar por cuidarnos y no repetirnos en el pasado del que sea de cualquier nación, pues ninguno de esos pasados ha funcionado del todo puesto que seguimos de nuevo en la repetición.
Cabemos todos, y tenemos retos de tecnología nueva y nuevos exoplanetas con condiciones parecidas a la de la tierra en dónde tendremos que volcarnos desde ahora.
Hemos de impedir que haya sociedades y gentes que nieguen la comida o su manipulación, el agua y su apropiación, los recursos y su apropiación y privatización, cuando no existe legitimidad en hacerse con los bienes básicos necesarios. Cualquier país o sociedad que esté administrando los recursos básicos arbitrariamente a intereses particulares está fuera de sus derechos y valiéndose de la fuerza y el engaño para seguir en ello.
La recuperación de los derechos universales y su aplicación por primera vez de verdad, se hacen necesarios.
No tiene sentido estar en una cúspide tecnológica notable para hundir en la miseria y desaparición a los ciudadanos de dónde sean.
En el umbral tecnológico en el que nos encontramos, sabemos que el sentido del trabajo físico e industrial ha terminado. Los robots y máquinas sofisticadas, ya lo están haciendo casi todo.
Necesitamos un cambio de concepción e ir a una idea del mantenimiento de todos con unos mínimos del todo respetables y derecho a los beneficios de nuestros avances como sociedad y tecnológicos.
Debemos volver a la soberanía, y racionalizar normas más humanas y no dedicarnos a ideas mercantilistas basadas en la competencia excluyente, sino pensar en una armonía integrante, y relacionar los pueblos para una vida más fácil y sin austeridad, ni necesidades que nuestras máquina y robots ya nos aseguran como posibles.
Debemos pensar más en cómo ocuparnos en un mundo en el que no se necesita la mano de obra postindustrial, y ver cómo ocuparnos en un tiempo constructivo y de realización que no sea un ir al ocio exclusivo y el aburrimiento. Solo un crecimiento y despertares de conciencia y hallazgo de nuestros gustos y especializaciones, pueden realizar tales sueños del todo posibles ya desde este instante.
Que mucho de ustedes o quienes conozcan no se hayan enterado quizás, no importa. Ustedes se lo deben de explicar e insitir, es fácil, muy fácil, más fácil incluso de los que no lo ven y lo van a poder ver.
Hagan el esfuerzo.
Cuando nos cuestionamos derrotistamente de que no podemos hacer mucho o nada, es falso, es una estrategia nacida de la competencia excluyente este pensamiento. Podemos hacer poco o muchísimo, y todo pasa por comprender el momento en el que nos encontramos y explicarlo a los demás para que trabajemos en esa ruta.
Muchos puedan pensar que el mundo se pueda llenar de una ideología, religión o raza concreta si no se manipulan. Lo único que hay de cierto en estos temas es que cada nación debe estudiar y profundizar seriamente en ello, y con respecto a las demás para tener un equilibrio.
Pues no se trata de un exceso de población o una ausencia de población para manejar estos números al interés colonizador de unos, sino realmente desde el estudio y la educación que propicia la toma de conciencia la facilidad de tomar decisiones que de ninguna otra forma podrá ningún país lograr, y solo desde el entender a dónde vamos y cómo iremos puede tener iniciativas propias de las personas que nos lleven a un final exitoso.

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