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“Peligro inminente”.

24 de febrero de 2014

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Los problemas en política internacional se complican cuando las interpretaciones se hacen simplistas.

Sin embargo es cierto que los hechos simples si no se solucionan complican las salidas.
Ya desde hace siglos, pero especialmente desde la muerte de Kennedy, nadie es quien era: Ni Rusia es la Unión Soviética, ni queda rastro de economías socialistas más que en Cuba y Venezuela; ni EEUU es el bueno del tío Sam, pues busca la guerra a cualquier precio y la intromisión directa a través de equipos contratados y sus servicios de inteligencia integrados en la misma estructura económica en la interferencia de toda política exterior e interna. Ni China es la nación comunista con una sociedad deprimida como antaño, y que sin embargo cuenta con proyectos y ambiciones de expansión como todas las potencias.
Quien gane reescribirá la historia como quiera, y como siempre se ha hecho. Aunque quizás no haya nada que escribir esta vez, ni quien quede para leerlo.
Unos han perdido su liderazgo y otros lo están tomando. Unos han declarado sus intenciones por sus hechos, y otros por los mismos han declarado otras de genocidio, de guerra, de esclavitud de la humanidad, y de su control.
Los grandes poderes que atenazan al mundo, y que están por encima del mundo y los países son la gran amenaza secular de la que no nos podemos desquitar pase lo que pase, ellos siempre están ahí, listos para seguir sometiendo nuestros designios.
Como la gente no analiza demasiado ni lo quiere hacer, las interpretaciones simplistas pueden crear escenarios aun más complejos y definitivamente peligrosos.
De la parte de España sin duda necesitamos recuperar la soberanía perdida entregada por todos los que ya sabemos.
Se han perdido las fronteras, las raíces seculares canjeadas por derechos de desconocidos de todo el globo incluso por encima de los españoles en lo que a ventajas se refiere.
Se ha minado el ejército, se ha prostituido la Constitución y alterado sin consenso sus leyes, que al final ha venido a demostrar que estaba ideada para esta voladura controlada.
Se ha perdido el norte, no quedan líderes en los que confiar y a los que seguir porque fueron parte todos de lo mismo y la gente se ha dado cuenta, y se ve impotente, incapaz, sin saber qué hacer, y el cómo se puede arreglar y recuperar algo de todas formas perdido.
El país se ha vendido por partes y apenas queda nada por vender a grupos y sociedades de capitales de riesgo y banca extranjera a su vez integrada en todos nuestros bancos, empresas eléctricas y petroleras, empresas de productividad de toda clase y estructuras de comercio y financieras.
Hasta el propio estado agoniza porque no responde a intereses patrios sino del enemigo dispuesto a machacar lo que quede de bueno con tal de montar sus negocios resultantes de los cuidados intensivos que precisa el endeudamiento que han creado con la colocación de deuda en bonos, en entrar en el juego de la prima de riesgo, de una deuda que no teníamos pero se han encargado de meternosla de raíz para hacernos dependientes y deudores permanentes.
Sería bueno poder creer en una operación quirúrgica que nos librase de tantos enemigos de España, pero cuesta pensar que se pueda obtener sin el aún más perjuicio de los de siempre, la gente, la gente sencilla, la que no participa de nada pero recibe todo. Gente que sigue creyendo el alguno de los tantos partidos pantalla que no tienen soluciones pero sí capacidad de convicción y seducción.
Lo tenemos muy crudo y lo sabemos.
Que algo pasará no hay duda, ¿cuando?, no pasarán muchos meses.
Que todos lo saben y tratan de evitarlo o perpetrarlo también es cierto.
Desde el confort se arreglaban todas las mentes y problemas, pero a las guerras se llega desde la miseria y la necesidad. Desde la falta de gobierno patriota y de liderazgo independiente, y ahora tenemos todos esos ingredientes encima de la mesa.
Ante el inminente riesgo de una guerra nuclear, y si no de una fuerza con alta tecnología que será de una destrucción inequiparable a cualquier guerra del pasado, y que nos dará miedo, inseguridad de la que se aprovecharán los mismos autores de la desgracia que nos la han traído.

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