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“En defensa de gays discretos, de la familia y de gente que se respeta a sí misma y a los demás”.

30 de junio de 2014

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Abrazo de amigos que se quieren.

Estos días de invasión mediática de un mundo gay masón e illuminati para su situación como parte del Nuevo Orden Mundial, me llegan el recuerdo de los que tuve de amigos y conocí en mi ciudad reclamando precisamente discrección y que les dejen vivir en paz y tranquilidad.
Personas como cualquiera entrañables que se tienen que ver alteradas en la manipulación que se está perpetrando de una condición sexual, y diría que hasta asustados por todo lo que está pasando.
La vida del homosexual de por sí ya es complicada por la inestabilidad de pareja que encuentran más complicada que una pareja heterosexual, quizás por la propia promiscuidad más acentuada que en una pareja heterosexual. La infidelidad heterosexual es algo clásico y hormonal, pero responde a la familia siempre y al comportamiento de respetarla desde los albores de los primeros esquejes de la estructura familiar, social y tribal.
No se puede criminalizar el adulterio o la promiscuidad para lograr el ataque a la familia y lo que representa de constante con el buen funcionamiento de la sociedad. Todo el mundo tiene derecho al recuerdo o deseo de una familia convencional. Y cualquier gay lo desea.
Todos estos millones de homosexuales discretos están deseando paz y tranquilidad, y que cese tanta publicidad que es como si estuvieran en la trinchera. La notoriedad nunca fue buena más que para los tontos y los manipulados.
Hacer de tu vida un circo no es agradable para nadie más que para los tontos con cerebro de mosquito.
Luego están los homosexuales reprimidos a los que les crea un dilema tanto aireamiento de la sexualidad; y prefieren también en su derecho, la tranquilidad y la paz para no despertar sus iras que de por sí están tocadas.
El “homosexual loca”, tiene que entender que hay gente que es heterosexual, y que si según ellos todo el mundo pueda tener algo de homosexual, si fuera el caso, también tienen derecho a no ser o ser lo que ellos piensan o quieran ser. No ser sexual y la castidad también son un derecho y se han de respetar todas las posturas y decisiones respecto al sexo y la familia que cualquiera considere oportunos de su persona.

Vivimos en la era de la confusión, de la torre de babel, fomentada por los propios servicios de inteligencia de EEUU e Israel que fomentan a través de los institutos de ideas y manipulación social, la propia confusión de la identidad para lograr sus fines perversos de descafeinar cualquier identidad tribal y de grupo ajeno a sus proyectos.

La familia es la piedra angular de la campaña gay, el disgregarla, desestructurarla y atacar cualquier apariencia de normalidad y convencionalidad. Y como todo hijo bien nacido se ha de desear la familia y su cercanía, de no ser precisamente que se provenga de familias tan desestructuradas que se trate de una fuga de sus propios traumas y malos recuerdos.
Quiero pensar que hay millones de gays deseando paz y discrección y el derecho a una vida normal, lejos de la notoriedad y el escándalo.
Quiero pensar que hay millones de gays que respetan la familia y entienden su importancia como núcleo de la propia estructura de la sociedad.
Quiero pensar que hay algunos gays integrados en las nuevas estructuras de ingeniería social que están por la radicalización de lo gay y por la procreación nanoteconológica que busca el bebé probeta perfecto a su imagen de lo perfecto, que no existe, más que dentro de cánones de belleza y con cualidades que buscan precisamente la falta de igualdad para instalar un sistema piramidal social tan acentuado como el que hemos conocido en la historia medieval de amos y esclavos y que ahora vuelve en su máximo apogeo y esplendor. Varones y hembras confundidos sin el cariño de la familia, y desestructurados de todo sentimiento de filiación humana en lugar de ser hombre y mujer.

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