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“Artículo de Jose Luis Luri, aplicable a tantos Pepe Pérez de nuestra Marca”

19 de mayo de 2015

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NO VOTES A CÉSAR SÁNCHEZ

Que el candidato a la alcaldía de Calp, César Sánchez, publicite su perfil público en las redes sociales como “emprendedor” y no lo haga simplemente como “político de carrera”, además de suponer un insulto a la inteligencia de las personas, evidencia que  ignora y menosprecia lo que es un “emprendedor de verdad” y el reto de supervivencia que supone sacar adelante una empresa o una actividad profesional en los tiempos turbulentos que padecemos.

Quince años lleva el saliente alcalde amorrado a la teta pública y de su pezón vive como un rey -aunque tampoco sería descartable que ande chupando de otros emprendimientos inconfesados-, y por ello reconozca ahora una profesión añadida, sea la de restaurador, socio de centro clínico o promotor de suelo industrial.

 

No le negaremos al joven pretendiente unos magníficos dotes chomskianos para la propaganda y la impostura. Está bien adiestrado. Como especialista de marketing y máster en campañas electorales, nuestro César sabe bien que el clientelismo, el factor emocional y la privación ajena son los elementos indispensables con los que trilear en el mercado electoral de voluntades. No se le escapa que al bulto general le excita mucho más un gesto ñoño que cien mil razones; que lo realmente importante en este negocio de la política no es que “hagas algo”, sino que la gente “crea que estás haciendo mucho” y que permanezcan idiotizados en esa sensación. Alguien debería decirle al colega, que el trabajo bien hecho se vende solo, y que, por exceso y saturación, hasta en un “selfie” inocente, la sonrisa franca acaba por convertirse en una mueca estomagante.

Sabe bien este experto que buena parte del electorado es masa acrítica fácil de manipular con ideas fuerza, imágenes amables y eslóganes sin fundamento: así se lo enseñaron en el ICADE; que el grueso del común es más bien sectario, sensible al colorín, no lee cuerpos de texto, acaso y de paso, cuatro titulares niquelados. La incertidumbre y la necesidad imperante hacen bajar la guardia moral de las personas, y a este llamamiento acuden solícitos los que han convertido la cosa pública en un mero negocio de promesas, lealtades y contraprestaciones. De esta deriva indeseable surgen los opuestos: “los míos –bien cebados- y los otros”: la sociedad dividida y el guardián de las ideas.

Que el Partido del gobierno es una agrupación en la que campa mucha gente de dudosa ética y prácticas, nadie lo pondrá en duda: corrupción efervescente. Gente de todo tipo hay en cada sitio, por supuesto. Nuestro ordenamiento jurídico establece medidas contra esta lacra social, pero dichas medidas se muestran hoy ineficaces o simplemente no se aplican por una Justicia que parece secuestrada. En cambio, la ley no pena el engaño y la manipulación en el ejercicio de la responsabilidad pública; tampoco el fraude intelectual o la traición de principios. Estos despreciables usos acaso se dirimen por medio de purgas electorales que llegan tarde, mal o nunca.

En nuestro municipio, César gobernando y según su propaganda, pasamos en pocos meses de una situación de angustiosa emergencia económica a otra de sorprendente prosperidad. En este tránsito milagroso mediaron la contabilidad creativa, una brutal subida impositiva como solución mágica y la improvisación en un folio notarial como burla innecesaria.

Cómplice del monumental saqueo al bolsillo ciudadano, rapiña que ha durado veinte años, argumentó el muchacho que la causa de todos nuestros males presentes fue la “herencia recibida”. La herencia recibida que fuera legado de los suyos y de él con ellos: he aquí un buen ejemplo de cinismo elevado a obra de arte en el expurgo. Una justificación perfecta para quien sea idiota por aceptarla o malvado para defenderla.

Jáuregui Balenciaga afirma que en nuestro mundo la psicopatía se ha hecho con el poder, con las normas, con las reglas de juego, gracias a la justificación de que la economía es la causante de la mayor parte de las tragedias humanas que se viven en la actualidad:  “En una sociedad anómica en lo que todo vale y cada uno va a lo suyo; en una sociedad en que la moral y la ética están en vía de extinción; en una sociedad que promueve el comportamiento camaleónico o mimético; en una sociedad que promueve la corrupción, el engaño, la mentira, la manipulación, la indiferencia, la personalidad psicopática resulta ser la más adaptativa”.

El mismo esquema de actuación, que nos viene enfermando como sociedad, podemos detectar a todos los niveles, sea nacional, autonómico o local, no existen casualidades: El poder está centralizado en manos de grupos, “élites” cada vez más especializadas y ”expertas” que no sólo no cumplen con lo que han prometido, sino que además utilizan el secretismo y el control de la información –cierres de medios de comunicación públicos y apoyo institucional a privados, mordaza al ciudadano-, para reducir al electorado; lo que les permite retener el poder sobre los recursos de la comunidad que ellos mismos van esquilmando. Se reprime la cultura como fuente de conocimiento y desarrollo de la inteligencia; se recorta la Libertad en aras de la seguridad; lo público pasa a manos privadas en cuanto pueda ser objeto de apropiación, explotación y beneficio –salud y educación: centros privados de pago- en línea a una estrategia desarrollada a distintos niveles de la administración por sicarios políticos que obedecen a una agenda.

No nos queda otra, más allá de cualquier ideología, que el rechazo al control de la riqueza ilícita concentrada en las mismas manos, en favor de la prosperidad de la comunidad, garantizada ésta por el conocimiento libre, la información compartida y la definición común de la Verdad que se deriva de la transparencia y la autenticidad.

Las personas podemos soportar altas cotas de represión, sobre todo cuando la mayoría de medios de comunicación, convenientemente orquestados, repiten sin cesar el mensaje “todo marcha muy bien y además vamos a mejorar las cosas; usted no puede cambiar nada, protesta por protestar”. Vivimos en un creciente hartazgo ciudadano. Día a día, muchas personas somos más conscientes del circo mediático que se despliega ante nosotros con todo su aparato de confusión o coacción emocional. Sentimos como una agresión el que permanentemente se esté ofendiendo nuestro mejor criterio con mensajes livianos, absurdos, simplistas, que sólo esconden una realidad muy distinta  a la que se pretende escenificar.

Hoy, más que nunca, nuestro voto es un ejercicio de responsabilidad y dignidad con nosotros mismos. No votes a César Sánchez; no votes lo que él pretende y  a quien representa.

PSICOPATÍA: PANDEMIA DE LA MODERNIDAD. Inmaculada Jáuregui Balenciaga. Publicación Electrónica de la Universidad Complutense | ISSN 1578-6730.

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