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“Chef de Yllana. Se impone el teatro mímico de cantidad de múltiples escenas”.

12 de marzo de 2016

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Chef, la obra del grupo Yllana triunfa por su frescura, su rapidez en el escenario y las escenas que se adelantan a todo cálculo mental del público.

Yllana ha comprendido que el teatro actual pasa por adelantarse al público. Y no por arrastrar a este a una reflexión permanente la mayoría de las veces previsible. El humor basado en un pequeño drama es un recurso difícil de articular sin palabras que Yllana resuelve sin problemas y dando permanentemente sorpresas.

Ese público hasta ahora pasivo e impaciente en la butaca calculando el guión ha caducado. Tanto el tipo de obras como el tipo de público.

Un teatro mímico con alguna breve palabra que se escapa alguna vez a modo de onomatopeya, que no de narración que no existe.

Recursos de platos de cartón volando entre el público, actores caminando por encima del respaldo de las butacas entre el público temeroso del qué pasara, dominio de efectos de sombras con mucho conocimiento de efectos visuales que recuerdan al guiñol con el trabajo de efectos de varias personas trabajando sobre un personaje como el chef chino con un cuerpo cambiante.

El público no quiere pensar, ya lo hace con la compleja realidad actual del día a día, e Yllana lo ha comprendido, que solo el humor, la velocidad, el juego de luces pulido como la patena, música y sombras trabajadísimas hasta el punto de que sales del teatro sin haber resuelto como han podido realizar tantas docenas de trucos visuales escénicos que el público ve sin poder descifrar y dejándose llevar como si tuviera algo de magia toda la puesta en escena.

Yllana recurre a actores polifacéticos que dejan en ridículo a cualquier elenco de actores conocidos. Facetas muy perfeccionistas de acróbatas, bailarines, mímica gestual que nadie logra ni ahora ni antes, con un mantenimiento en el tiempo de escena del gesto sin bajar su intensidad que impresiona; y hay que hacer un esfuerzo de memoria en el panorama teatral para poder hacer una lista de quienes llegan a ese punto gestual mantenido e increscendo. Trabajan la ralentización (cámara lenta), la aceleración (cámara rápida), el evitar todo discurso que no existe en absoluto que no provenga exclusivamente de los efectos visuales de su interpretación, todo ellos muy sencillos, sin presupuesto, de tipo casero y a los que se les exprime como al zumo todo lo que puedan dar de sí como si fueran artistas de guiñoles manejando un escenario con todos sus cuerpos. No se basa en la mirada, son gestos, gestos todos divertidos. El público quiere reír y quisiera aplaudir cada rato esperando el final para hacerlo.

Los actores tratan de comprender qué hay de humor en sus cuerpos y expresiones, de serio y de friki esperpento para explotarlos hasta el límite en el escenario con sus contrastes, comprendiendo que no han de dar ningún mensajes sino una concatenación de reflejos a feedback visual.

Rompen la dinámica constantemente. En un momento dado en el que todo es suave e ingenuo, aparece alguien al que se le cae el peluquín y se lo vuelve a colocar clavándoselo con un cuchillo que aparentemente se mete en la cabeza  -es la única escena difícil de ver y perfectamente encajada como una ollas ardiendo que se quedan pegadas a las manos que sugestionan hechos que todos hemos imaginado o vivido alguna vez-, o se dan unas patadas marciales con una ensayadísima respuesta de gestos magníficos y creíbles, mientras acaban de bailar unas músicas vibrantes. No es una obra que se pueda relatar aunque sean imágenes, pues es el arte de sus movimientos y expresiones únicos para esos momentos que las hace inenarrables.

La improvisación de escenario móvil recurriendo a lonas de plástico imantadas sobre los paneles, resuelven la posibilidad de dar vida a múltiples escenarios sin tener que cambiar nada, y haciendo rodar sobre sus ruedas los paneles móviles que apenas cambian pero giran como en la escena final del restaurante y el crítico gastronómico que se atreve a interactuar con una espectadora a la que le lanza la supuesta delicatessen qeu se le escapa de la boca, sin salirse de tono, y aceptando que la escena se traslada al patio de butacas por un instante. Se adivinan profesionales como la copa de un pino, especializados en cualquier recurso empresarial y escénico.

 Marcos Ottone

David Ottone, Marcos Ottone, Joe O´Curneen, Fidel Fernández, Juan Francisco Ramos

El patrón de modelo de funcionamiento es de lo más complejo. Todo este equipo de soporte para hilvanar producción, guión, actores, comunicación, recursos, logística, organización, administración y agenda. Impresionante. Un estilo común de encontrar en la producción cinematográfica pero trasladado al teatro y apurando al máximo con especialistas todos creativos y pragmáticos.

 

 

 

 

 

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