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“El silencio, de Martin Scorsese. No abandonaron la fe, solo salvaron de la tortura a otros cristianos y además vivieron un -síndrome de estocolmo-, de por vida”.

18 de enero de 2017

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Es un reto de interpretación religiosa y filosófica ver esta película “SILENCIO”, basada en la obra de Shusaku Endo que lleva al cine Martin Scorsese, que resulta cansada por lo larga 161 minutos, y por una parte intermedia repetitiva de torturas psicológicas para desear ver el final: que fue de la vida del Padre portugués Cristóbao Ferreira.

Pero lo importante en esta película son las explicaciones que no se ven, las que se necesitan interpretar y esas son las que hacen interesante la película.

La tortura, las ejecuciones de cristianos con escarmiento para infundir miedo en los demás, y el enorme control de la sociedad feudal japonesa del final del siglo XVI hasta mediados del XVII son fundamentales para comprender a estos tres jesuítas principales protagonistas de la película. No falta otros fundamentales, el judas delator Kichijiro, el Pilatos encarnado en el Señor Feudal, y su Lugarteniente que pretende ser una voz de conciencia de LA DUDA EN LA FE que lleva a la perfección esta posición pero desde la tortura física y psicológica, y la presión de por vida de estos Padres.

El Padre Ferreira (Liam Neeson), y su desenlace de lo que fue su vida desde que lo detuvieron, no se ve hasta el final; un final interrogante que esperas conocer pues es de alguna manera el propio objetivo de los dos Padres, Sebastião Rodrigues y Francisco Garupe que han ido a Japón con la advertencia del peligro que conlleva de su Superior para conocer la situación real de su maestro, mentor e inspiración religiosa en sus vidas. Encontrando al final que efectivamente el Padre Ferreira ha dejado el cristianismo como contaban las voces populares que encuentran en el pueblo dónde desembarcan y en la isla de Goto cercana al poblado marítimo, que no se puede decir ni marinero por la enorme pobreza y miseria de aquella época en aquellos pueblos. Vidas muy duras, necesidades, hambre y suciedad. Algo que sin duda dio el impulso a la misión del Padre Ferreira y también anteriormente a San Francisco Javier en un mundo tan deprimido y sin esperanza en un mundo feudal en el que se convirtieron 300.000 fieles que nunca habrían podido procesar el budismo tan purista, equilibrado y filosófico en una realidad dónde la miseria y el feudalismo bestial no permitían ese lujo. En casas de madera podrida por la lluvia y la falta hasta de clavos para sujetarlas y árboles para remplazarlas en un país como ellos mismos dicen de ciénagas y marismas en dónde nada crece en aquella época, barro en las calles y falta de higiene, el contexto ayuda mucho a comprender las condiciones que no permiten un culto budista que habla de equilibrio, de perfección e inspiración espiritual que no ayudan más que al señor feudal y sus acólitos y sirvientes, pues el resto desde la miseria y el pago de enormes impuestos como llegan a mencionar en un momento de la película, no pueden contribuir.

No parece una historia del final de la fe como aparentemente pretende mostrar Scorsese, sino que también deja la puerta abierta a interpretar que la tortura, el control y la persecución constante y permanente como fue el caso de los tres jesuítas, puede justamente por miedo al chantaje, la tortura y las ejecuciones, llevar a un religioso a elegir dejar su religión si con ello salva la vida de otras personas en la misma situación.

Salen muchas torturas y atrocidades, como enrollar cuerpos de cristianos en una estera de paja atados y con los cuerpos y miembros inmovilizados, y tirarlos al mar en dónde al no poder nadar se hunden y ahogan ayudados por una caña con las que empujan los cuerpos para hundirlos.

Colgar cristianos en una cruz al lado de las rocas del mar en dónde rompen las olas, esperando que la subida de la marea ahogue la respiración y los cuerpos lentamente.

Enrollar cuerpos en una loneta y suspenderlos boca abajo, con una trampilla sobre el cuello para tener una privación de los sensorial de lo que ocurre afuera por encima de la cabeza boca abajo, y con un corte en el cuello para que el cuerpo sangre y no se se acumule la sangre en la cabeza. A esta última someten al Padre Ferreira. Le sueltan con dos condiciones, una que pise la imagen de Jesús de Nazaret crucificado y otra condición es que si no lo hace el resto de cristianos japoneses morirán boca abajo en esos agujeros.

Un cristiano y sacerdote como Ferreira ha de elegir entre aparentemente renunciar a su fe por el budismo para salvar la vida chantajeada del resto de los cristianos japoneses. Y sobre todo, aparentar toda su vida que han dejado el cristianismo, cosa que no les resulta difícil por las torturas y control de todos y cada uno de sus movimientos por la policía feudal.

De aquí deducimos el gran mensaje de la película, y lo apoyan dos veces en las que se oye la voz interna de Jesús diciendo que Ël está con ellos en el dolor en todo momento y que nunca los ha abandonado.

Dios perdona y está con el cristiano aun renegando de la fe cuando este sacrificio es por un bien superior, el de salvar la vida ajena de otras personas en una situación tan extrema como la tortura y la muerte.

Ninguno de los padres jesuítas abandonaron realmente la religión cristiana, únicamente vivieron un Síndrome de Estocolmo del secuestro además permanente y de por vida, ya que nunca hubieran podido huir con el exhaustivo control policial de todos y cada uno de sus movimientos.

Esto engrandece la película al engrandecer el verdadero espíritu cristiano de los padres que ceden sus vidas y prácticas cristianas por salvar la vida de otros cristianos en la misma situación.

Es muy notoria la voz del Señor feudal, así como de su lugarteniente. Ambas muy  bien elegidas, persuasivas en su negociación satánica, pues en realidad en sus voces tanto en la versión en inglés como en la doblada española, se puede sentir perfectamente lo bien elegidas que están estas voces en las que se puede sentir a Satanás hablando a través de ellos.

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Padre Sebastião Rodrigues (Andrew Garfield).

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Padre Ferreira (Liam Neeson).

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One Comment
  1. El cristianismo llevo a japon lo que trajo al imperio romano La Igualdad entre los hombres por ser hijos de dios Aquello para los japoneses de a pie que eran asesinados si no se mostraban sumisos ante cualquier samurai que pasase a s u vera Que eran tratados como esclavos y mutilados por sus amos aquello fue ver la LUZ en todo su inmenso Poder ( algo ya para nostros incomprensible)

    La tortura y el exterminio de los cristianso japoneses y la huida y paso a la clandestinidad de familias japonesas critians que mantivieron “su” cristiansimo durante decenas de años sin ver a un solo cura al emjor estilo de “lso combatienes perdidos en las selvas de Borneo” durante la IIGM, No ha acabado

    Una de las “particularidades” de los americanos con al Bomba sobre Nagasaki es ¿porque s e eligio aquella ciudad? Pues porque era el foco del cristiansimo en Japon y eso also poderes Oscuros de Washingtown no era tolerable ¿Alguien recuerda que en Nagasaki estaba como misionero jesuita el español Arrupe cuando tiraron la bomba ? Si el que luego fue Papa Negros Y ademas si alguien quiere saber mas averiguen con que festividad catolica coincidio el bombazo

    Contra el cristianismo; los Poderes oscuros no dan puntada sin hilo

    Y, aunque muchos ya no puedan comprenderlo, no lo olviden; desaparecido el cristianismo desaparecida la Humanidad como Sujeto de Dignidad

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