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“Las grandes inversiones en comida mala, barata, y transgénica, anuncian el hambre”.

12 de septiembre de 2017

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Imagen de Viscofan

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El autor de la especulación con el aceite de oliva español, que ya no es español. En los próximos meses el aceite va a ponerse por las nubes, gracias a la intervención de este señorito y su padre. FAES ha sido el motor de localización de la precariedad de empresas españolas para entregarlas al sionismo internacional, versión fondos de inversión o Goldman Sach y sus socios. La asociación de Amigos de Israel que manejan todas estas cosas de la alimentación, la banca, la farmacéutica, las armas, y la vivienda, ahora dicen que mayoritariamente no son judíos, sino españoles projudíos (minuto 4:18)

“Campofrío, Dia y Deoleo atraen a los grandes fondos extranjeros”.

Cuando fondos extranjeros invierten en comida barata y de baja calidad, en romper precios en el umbral de calidad/precio, y el aceite de oliva español que entregó en una operación J.M. AznarJ.M. Aznar a una sociedad judía de esas que el ayuda a quedarse con lo español desde su fundación que investiga a cuáles les va mal para lanzar opas hostiles, no queda nada en pie. La venta de Deoleo a una empresa italiana de Agostinelli, permitió la salida del aceite italiano con etiqueta española. Y por supuesto la necesidad de plagas artificiales del olivo y el naranjo para perjudicar el mercado español.

Campofrío, de ser una marca líder y de calidad, a ser despojos de visceras y huesos tratados con ácidos para luego convertirlo en pasta al estilo baba rosa de hamburguesas, en manos de una china y mexicana que la poseen en la actualidad.

Embutidos frenarán el desperdicio. Una nueva fórmula para la mendicidad ciudadana nueva entre nuestra ciudadanía que busca en las basuras. alimentarse de las basuras ya se ha convertido una alternativa a Cáritas que está dirigida ala inmigración musulmana en un 85%. La mendicidad del embutido que no caduca tan fácilmente pero llevará de todo.

Viscofan, una empresa líder en malla sintética para embutido de alta calidad (Cellulose Collagen Fibrous, Plastic), pero que sus subidas anuncian que mucha gente ha dejado la comida por el embutido como auxilio a la alimentación precaria.

Si el crecimiento o decrecimiento de la actividad industrial se refleja en el consumo de energía, sea electricidad o petróleo, la crisis se refleja en la calidad de la alimentación y la clase de productos consumidos.

El aceite de oliva subirá sus precios como nunca, ya que fondos de riesgo se meten para ganar mucho dinero, y ese dinero sale de los precios del producto o marca en los que han invertido y la profusión de plagas artificiales. La especulación con los productos básicos de primera necesidad debiera de estar prohibido y regulado, pero no lo está. Apretar con el hambre y la necesidad no es competencia de los gobiernos actuales. Atrás quedaron los famosos escándalos y primeras planas de los diarios cuando en los 70 subían el pan o la gasolina y precisaban de un decreto ley explicativo. Ahora directamente arruinan los estómagos y la salud con alimentos de Monsanto (los más baratos, nocivos y transgénicos).

Ahora a la comida “normal y tradicional”, le llaman comida ecológica. Es decir que todo lo que no sea ecológico ya no es normal y es venenoso. Evidentemente no se muere de repente, pero sí con el tiempo. Obesidad mórbida, transtornos en la digestión, el sueño y el descanso, depresión y ansiedad, excesos de colésterol y triglicéridos, peces pescados en aguas radiactivas del Pacífico, en una lista a la que se suman miniobleas de nanochips.

“El pan exterminador de cada día, del Doctor Zak”.

“El marcado con microchips ya es efectivo a través de la comida y bebida”.

 

 

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