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«El gobierno socialista únicamente puede seguir con escándalos populistas, ya que son incapaces de gestionar una economía productiva intentando estafar a Bruselas».

14 de julio de 2020
El todo poderoso Villarejo -de momento parado hasta nueva excarcelación-, entre Juan Carlos I y Corina.

España es un país que se mueve a golpe de influencias, de enchufes, y de populismos por encima de valías y de esfuerzos desamparados del individualismo sin nadie apadrinando. Algo que saben especialmente entre los allegados al poder y beneplácitos de sus círculos. Quienes no están ahí a través de amiguetes, parientes, polvetes guarros y prohibidos, y caer bien, saben que no tendrían nada que hacer.

Son prácticas que se arrastran desde la corte más antigua de los borbones siglos atrás. Para salvarse y continuar debían de entrar en esos juegos, y de vez en cuando cada reinado tiene circunstancias de ese perfil de dar para tomar.

En cuanto sales de los Pirineos hacia el norte de Europa, y nunca hacia el sur o hacia el Este u Oeste, comprendes que el enchufismo, el amiguimo, y la corrupción son temas mal vistos y su práctica es mínima en comparación con el reino de Taifas.

España no tiene solución. Lleva tantos siglos instalado este sistema que venga lo que fuere se repetirá siglo tras siglo, y lo peor es que los españoles (acostumbrados), le han cogido el gusto y también la práctica a seguir en esa senda.

Hasta para un empleo no basta un currículum, hace falta el enchufe, de no ser para los trabajos más duros y peor pagados por los que no pelea ningún súbdito escalador.

La UE ha sido el descubrimiento político económico de los políticos. Primero con los Fondos de Cohesión y ahora con los rescates, los eurobonos a procurar verdes, los Fondos Estructurales que de nuevo se preparan para desviar al mantenimiento del aparato político y autonómico de vagos inútiles que no sirven para nada, y el rescate de las Sicav cotizadas.

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El nuevo lenguaje político son las promesas incumplidas, lo importante es solo anunciarlas.

  • Promesas de paguitas para los españolitos empequeñecidos como una apisonadora fabrica de paro por el aparato socialista. Gobiernos incapaces de crear tejidos industriales y económicos que no sean puramente especulativos. No saben, no valen, no les importa, solo sus nóminas.
  • Promesas de ayudas de incontinencia urinaria a ongs, el gran montaje del dinero a causas nobles que nunca llega a destino y que son una herramienta perfecta para el desvío de dinero. La mejora de la pobreza pasa por crear infraestruturas en los países afectados, no por donaciones paguitas que nunca llegan ni salen de las cuentas de los bancos. Algo que no harán ya que no saben hacerlo en los países propios.
  • La promoción Lgtb a la cual esta Europa progresista nunca se opondrá y resulta otra senda de desvío de fondos perfectamente estructurada. El perfil lgtb se ha convertido en una etiqueta necesaria para el empleo público.
  • Los controles que promete la UE son otro teatro, no se llevarán a cabo, solo sus titulares mediáticos les da igual y saben que es incontrolable el desvío del dinero que debiera ser público a cuentas privadas en paraísos fiscales. Saben que nuestro destino y muy trabajado es la calle ya hambrienta, la violencia, y la guerra. Y lo dan por hecho. Así podrán gastar todos el material bélico millonario de Carlyle Group.
  • Promesas de acabar con la monarquía y su destierro para avanzar a su III República, algo que da la mitad de votos a un país de braguetazo institucional y privado. Para el partido socialista la clave no es sacar o no a la monarquía, es todo un teatro para obtener un electorado activo. Nuestro monarca y su consorte son socialistas -algo difícil de asimilar de una monarquía frente a la República pero así es-, esperan como las empresas frente a la robotización contra los Ertes o su cierre. Pase lo que pase otoño se saldará con el exilio de Juan Carlos I o el de Pablo Iglesias, el camino se ha cerrado tanto que solo hay una de esas dos opciones. Y por supuesto que el desenlace a corto plazo por la deriva será la guerra con Marruecos (montada por Marruecos por Ceuta y Melilla, algo más de imagen que de deseo del rey alaouita), y una extraña guerra civil de inmigrantes con multi ayudas frente a hambrientos españoles. España tiene lo que se merece, lo que busca desde la política y los millones que votan esas derivas antiespañolas. ¿Terminó en algo el Palma Arena y otros tantos casos; entonces para que nos van a meter ahora un año mediático de los dineros de Juan Carlos I?, sencillamente humo electoral político del Psoe.

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