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«El reto del becerro. La televisión, arma de destrucción masiva. Vacúnate y muere de una vez, no das pena a nadie, estorbas, tus miedos son solo cosa tuya. Y sobre todo obedece a la televisión».

21 de diciembre de 2020

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Don't Have a Cow! | Deacon Allen Tatara Catholic Speaker

El becerro de oro es una realidad que se repite y a la que la sociedad ha vuelto apenas ha reaparecido el demonio como siempre reaparece en especial en el clima anterior a las guerras como la que está por venir de forma inminente aunque ya estemos en ella de forma silenciosa (de momento), sin disparos y con la televisión como arma de destrucción masiva.

Si la televisión fue hasta hace un tiempo un sistema educativo e inspirador de cambios, un mismo instrumento puede ser usado de múltiples formas. Un cuchillo puede servir para cocinar o para matar. Un coche puede servir para transportar o para matar. La televisión está sirviendo para matar. Y los gobiernos para matar. Y los bancos para estrangular hasta la muerte.

El becerro de oro además de ser un síntoma es la constatación del adormecimiento de la mayor parte de la sociedad hacia la autodestrucción en la confianza de que el becerro salve sus vidas y proteja su estado de bienestar. La vida nada tiene que ver con el becerro pero las televisiones han logrado con la repetición machacona que la gente asocie televisión a supervivencia, y bienestar a seguir las consignas del becerro de oro. Lo que los convierte en becerros. El becerro fue muy bien elegido en el Antiguo Testamento, es noble, dócil, valioso por su trabajo, y muy fuerte, y convertirlo en oro y síntoma de adoración es clave para comprender que fácil se puede transformar algo noble en indeseable. Todo el pueblo que adora al becerro desaparecerá como ya desapareció bíblicamente.

La ingenuidad de la seguridad que pretenden que provoque su adoración a través de su adoración o lo que es lo mismo el seguir las instrucciones que da es el suicidio colectivo más grande nunca visto con nuestra propia bendición. Pero los adoradores son CULPABLES por lo que se merecen el deseo de sus acciones o inacciones. En un estado de supuesta madurez (que no la es), el sujeto es responsable de sus acciones, y la élite mundial de la Agenda 20-30 lo saben. Detrás de sus decisiones hay potentes y enormes equipos de personas que estudian nuestras ideas y reacciones, nuestros reflejos mentales condicionados de comportamiento como nuestras debilidades o fuerzas. Cuando desde niño (5 a 7 años según Piaget), se tiene conciencia decisoria la inmensa mayoría opta por el miedo y por acogerse al menú social en el que esconderse porque así se sienten protegidos e integrados, dónde no destacar ni ser disidentes de opinión o comportamiento que les lleve a ser chirriantes o llamar la atención ni siquiera por un detalle -el de la opinión y menos el de la actuación propia-. Ser parte del rebaño de becerros es según sus miedos -que no según la realidad-, más seguro. Y entramos así en la deformación de la realidad con la encajan al cien por cien con la televisión diga lo que diga para no ser una voz discordante, disidente, chirriante del gran grupo o gran hermano. Han elegido su autodestrucción y así ha de ser merecidamente. La libertad y la vida nos es regalada pero luego hay que trabajarla con esfuerzo no con pasividad.

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